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Job 10:9 - Biblia Nueva Traducción Viviente

9 Recuerda que me hiciste del polvo; ¿me harás volver tan pronto al polvo?

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

9 Acuérdate que como a barro me diste forma; ¿Y en polvo me has de volver?

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Biblia Católica (Latinoamericana)

9 Acuérdate que me amasaste como el barro ¿y ahora me harás volver al polvo?

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La Biblia Textual 3a Edicion

9 Recuerda, te ruego, que del barro me moldeaste, ¿Y al polvo me harás volver?

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

9 Recuerda que me formaste como a barro y que al polvo me obligas a volver.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

9 Acuérdate ahora que como a barro me diste forma: ¿Y en polvo me has de tornar?

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Job 10:9
25 Referencias Cruzadas  

Luego el Señor Dios formó al hombre del polvo de la tierra. Sopló aliento de vida en la nariz del hombre, y el hombre se convirtió en un ser viviente.


Con el sudor de tu frente obtendrás alimento para comer hasta que vuelvas a la tierra de la que fuiste formado. Pues fuiste hecho del polvo, y al polvo volverás».


Tú guiaste mi concepción y me formaste en el vientre.


¿Qué pasará si llamo padre a la tumba y madre o hermana a los gusanos?


Mira, tú y yo, ambos, pertenecemos a Dios; yo también fui formado del barro.


todos los seres vivientes dejarían de existir y la humanidad volvería al polvo.


¡cuánto menos confiará en los seres humanos hechos de barro! Están hechos de polvo; son aplastados tan fácilmente como una polilla.


¿Por qué mejor no perdonas mi pecado y me quitas la culpa? Pues pronto me acostaré en el polvo y allí moriré. Cuando me busques, me habré ido».


Oh Dios, recuerda que mi vida es apenas un suspiro, y nunca más volveré a ser feliz.


Pues él sabe lo débiles que somos; se acuerda de que somos tan solo polvo.


Pero si te alejas de ellos, se llenan de pánico. Cuando les quitas el aliento, mueren y vuelven otra vez al polvo.


Acuérdate de mí, Señor, cuando le muestres favor a tu pueblo; acércate y rescátame.


Mi fuerza se ha secado como barro cocido; la lengua se me pega al paladar. Me acostaste en el polvo y me diste por muerto.


Siente mi dolor, considera mis dificultades y perdona todos mis pecados.


Se acordó de que eran simples mortales que desaparecen como una ráfaga de viento que nunca vuelve.


Recuerda lo breve que es mi vida, ¡qué vacía e inútil es la existencia humana!


Haces que la gente vuelva al polvo con solo decir: «¡Vuelvan al polvo, ustedes, mortales!».


Pues ese día el polvo volverá a la tierra, y el espíritu regresará a Dios, que fue quien lo dio.


»¡Qué aflicción les espera a los que discuten con su Creador! ¿Acaso discute la olla de barro con su hacedor? ¿Reprocha el barro al que le da forma diciéndole: “¡Detente, lo estás haciendo mal!”? ¿Exclama la olla: “¡Qué torpe eres!”?


Sin embargo, nadie invoca tu nombre ni te ruega misericordia. Por eso tú te apartaste de nosotros y nos entregaste a nuestros pecados.


Y a pesar de todo, oh Señor, eres nuestro Padre; nosotros somos el barro y tú, el alfarero. Todos somos formados por tu mano.


«¡Oh, Israel! ¿No puedo hacer contigo lo mismo que hizo el alfarero con el barro? De la misma manera que el barro está en manos del alfarero, así estás en mis manos.


Cuando un alfarero hace vasijas de barro, ¿no tiene derecho a usar del mismo trozo de barro para hacer una vasija de adorno y otra para arrojar basura?


Ahora tenemos esta luz que brilla en nuestro corazón, pero nosotros mismos somos como frágiles vasijas de barro que contienen este gran tesoro. Esto deja bien claro que nuestro gran poder proviene de Dios, no de nosotros mismos.


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