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Eclesiastés 7:21 - Biblia Nueva Traducción Viviente

21 No escuches conversaciones ajenas a escondidas: podrías escuchar que tu siervo te maldice.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se hablan, para que no oigas a tu siervo cuando dice mal de ti;

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Biblia Católica (Latinoamericana)

21 No hagas pues caso a todo lo que se cuenta: así no oirás a tu servidor hablar mal de ti.

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La Biblia Textual 3a Edicion

21 No hagas caso de todo lo que se habla, ni escuches a tu siervo cuando te maldice,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

21 Y no pongas atención a todo lo que se dice, no sea que oigas a tu siervo murmurar de ti;

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

21 Tampoco apliques tu corazón a todas las cosas que se dicen, no sea que escuches a tu siervo hablar mal de ti:

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

21 No hagas caso de los chismes, y así no sabrás cuando tu empleado hable mal de ti;

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Eclesiastés 7:21
7 Referencias Cruzadas  

—¡No! —dijo el rey—. ¿Quién les pidió su opinión a ustedes, los hijos de Sarvia? Si el Señor le dijo que me maldijera, ¿quiénes son ustedes para detenerlo?


—Mi señor el rey, por favor, perdóneme —le rogó—. Olvide la terrible cosa que su siervo hizo cuando usted dejó Jerusalén. Que el rey lo borre de su mente.


Nunca difames al empleado ante su patrón, porque te maldecirá, y sufrirás las consecuencias.


Pues sabes bien de las veces que tú mismo maldijiste a otros.


Los que condenan a los inocentes con sus falsos testimonios desaparecerán. Un destino parecido les espera a los que usan el engaño para pervertir la justicia y mienten para destruir a los inocentes.


Sin embargo, había unos sinvergüenzas que se quejaban: «¿Cómo puede este hombre salvarnos?». Y lo despreciaban y se negaban a llevarle regalos; pero Saúl no les hizo caso. [Nahas, rey de los amonitas, había estado oprimiendo gravemente a los habitantes de Gad y de Rubén que vivían al oriente del río Jordán. Les sacó el ojo derecho a todos los israelitas que vivían allí, y no permitía que nadie viniera a rescatarlos. De hecho, de todos los israelitas que vivían al oriente del río Jordán, no había uno solo a quien Nahas no le hubiera sacado el ojo derecho. Pero había siete mil hombres que habían escapado de los amonitas y se habían establecido en Jabes de Galaad].


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