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Deuteronomio 32:12 - Biblia Nueva Traducción Viviente

12 El Señor, él solo, lo guio; el pueblo no siguió a dioses ajenos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

12 Jehová solo le guio, Y con él no hubo dios extraño.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

12 Sólo Yavé lo guiaba, no estaba con él ningún dios ajeno.

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La Biblia Textual 3a Edicion

12 YHVH solo lo condujo, Con él no hubo dios extraño.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

12 Sólo Yahveh lo guía; ningún dios extraño está con él.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

12 Jehová solo le guió, y con él no hubo dios ajeno.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

12 »Dios mismo dirigió a su pueblo, y no necesitó ayuda de otros dioses.

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Deuteronomio 32:12
19 Referencias Cruzadas  

Guiaste a nuestros antepasados mediante una columna de nube durante el día y una columna de fuego durante la noche para que pudieran encontrar el camino.


de aquellos a quienes se les dio la tierra mucho antes de que llegara algún extranjero.


Den gracias al que guio a su pueblo por el desierto. Su fiel amor perdura para siempre.


Enséñame cómo vivir, oh Señor. Guíame por el camino correcto, porque mis enemigos me esperan.


Durante el día los guiaba con una nube, y toda la noche, con una columna de fuego.


Te pido que escuches, oh Pastor de Israel, tú, que guías como a un rebaño a los descendientes de José. Oh Dios, entronizado por encima de los querubines, despliega tu radiante gloria


Jamás debes tener un dios extranjero; nunca debes inclinarte frente a un dios falso.


Yo seré su Dios durante toda su vida, hasta que tengan canas por la edad. Yo los hice y cuidaré de ustedes; yo los sostendré y los salvaré.


Al igual que el ganado que desciende a un valle pacífico, el Espíritu del Señor les daba descanso. Tú guiaste a tu pueblo, Señor, y te ganaste una magnífica reputación».


Guie a Israel con mis cuerdas de ternura y de amor. Quité el yugo de su cuello y yo mismo me incliné para alimentarlo.


También vieron cómo el Señor su Dios los cuidó todo el tiempo que anduvieron por el desierto, igual que un padre cuida de sus hijos; y ahora los trajo hasta este lugar”.


¡Miren ahora, yo mismo soy Dios! ¡No hay otro dios aparte de mí! Yo soy el que mata y el que da vida; soy el que hiere y el que sana. ¡Nadie puede ser librado de mi mano poderosa!


»Él te mostró esas cosas, para que supieras que el Señor es Dios y que no hay ningún otro.


»Entonces recuerda lo siguiente y tenlo siempre presente: el Señor es Dios en los cielos y en la tierra, y no hay otro.


Pues el Señor nuestro Dios es el que nos rescató a nosotros y a nuestros antepasados de la esclavitud en la tierra de Egipto. Él hizo milagros poderosos ante nuestros propios ojos. Cuando andábamos por el desierto, rodeados de enemigos, él nos protegió.


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