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Daniel 3:11 - Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Ese decreto también establece que quienes se rehúsen a obedecer serán arrojados dentro de un horno ardiente.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 y el que no se postre y adore, sea echado dentro de un horno de fuego ardiendo.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 También dijiste que cualquiera que no se postrara en tierra ni la adorara, sería echado a un horno ardiente.

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 y el que no se postre en adoración, sea arrojado dentro del horno de fuego abrasador.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 y que el que no se postre y no la adore será arrojado a un horno de fuego ardiente.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 y el que no se postrase y adorase, fuese echado dentro de un horno de fuego ardiendo.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

11 También sabemos que quien no obedezca será arrojado a un horno encendido.

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Daniel 3:11
6 Referencias Cruzadas  

Usted emitió un decreto que exige a todo el pueblo inclinarse y rendir culto a la estatua de oro al oír tocar la trompeta, la flauta, la cítara, la lira, el arpa, la zampoña y otros instrumentos musicales.


Pues hay algunos judíos —Sadrac, Mesac y Abed-nego— a los que usted puso a cargo de la provincia de Babilonia que no le prestan atención, su majestad. Se niegan a servir a los dioses de su majestad y no rinden culto a la estatua de oro que usted ha levantado».


¡Cualquiera que se rehúse a obedecer será arrojado inmediatamente a un horno ardiente!».


Entonces le dijeron al rey: —Ese hombre Daniel, uno de los cautivos de Judá, no hace caso a usted ni a su ley. Sigue orando a su Dios tres veces al día.


Todos nosotros —administradores, autoridades, altos funcionarios, asesores y gobernadores— nos hemos puesto de acuerdo en que el rey apruebe una ley que se haga cumplir estrictamente. Ordene usted que, en los próximos treinta días, todo aquel que ore a quien sea, divino o humano —excepto a usted, su majestad—, sea arrojado al foso de los leones.


«La cárcel estaba bien cerrada, los guardias estaban afuera en sus puestos, pero cuando abrimos las puertas, ¡no había nadie!».


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