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1 Samuel 27:11 - Biblia Nueva Traducción Viviente

11 Nadie quedaba con vida que pudiera ir a Gat y contar dónde él había estado de verdad. Esto sucedía una y otra vez mientras vivía entre los filisteos.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

11 Ni hombre ni mujer dejaba David con vida para que viniesen a Gat; diciendo: No sea que den aviso de nosotros y digan: Esto hizo David. Y esta fue su costumbre todo el tiempo que moró en la tierra de los filisteos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

11 David no dejaba hombre ni mujer con vida, para no tener que llevarlos a Gat, pues decía: 'No sea que hablen contra nosotros y nos denuncien a los filisteos. Así actuó David mientras vivió entre los filisteos.

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La Biblia Textual 3a Edicion

11 Y David no dejaba con vida hombre ni mujer que fuera a Gat, pues decía: No sea que ellos declaren contra nosotros, diciendo: ¡Esto hizo David! Y esa fue su costumbre todo el tiempo que habitó en tierra de los filisteos.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

11 David no dejaba con vida ni a hombre ni a mujer, para no tener que traerlos a Gat. Pues pensaba: 'No sea que hablen contra nosotros y digan: 'Así ha obrado David''. Tal fue su proceder durante el tiempo que residió en tierra de filisteos.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

11 Ni hombre ni mujer dejaba David con vida, que viniese a Gat, diciendo: Porque no den aviso de nosotros, diciendo: Esto hizo David. Y esta era su costumbre todo el tiempo que moró en tierra de los filisteos.

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1 Samuel 27:11
7 Referencias Cruzadas  

Las palabras veraces soportan la prueba del tiempo, pero las mentiras pronto se descubren.


Temer a la gente es una trampa peligrosa, pero confiar en el Señor significa seguridad.


Al día siguiente, antes de que alguien se enterara del asesinato de Gedalías,


David exclamó: —¡Lo sabía! Cuando vi a Doeg el edomita allí ese día, estaba seguro de que se lo contaría a Saúl. Ahora soy responsable de la muerte de toda la familia de tu padre.


—¿Dónde atacaste hoy? —le preguntaba Aquis. Y David respondía: —Atacamos al sur de Judá, a los jerameelitas y a los ceneos.


Aquis le creía a David y pensaba: «A estas alturas el pueblo de Israel lo debe odiar amargamente. ¡Ahora tendrá que quedarse aquí y servirme para siempre!».


Se habían llevado a las mujeres y a los niños y a todos los demás, pero sin matar a nadie.


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