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Ester 7:6 - Biblia Católica (Latinoamericana)

6 Ester respondió: '¡El adversario, el enemigo está aquí! ¡Es Amán, ese hombre malvado!» Amán quedó helado de espanto ante el rey y la reina.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

6 Ester dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

6 Ester contestó: —Este malvado Amán es nuestro adversario y nuestro enemigo. Amán se puso pálido de miedo delante del rey y de la reina.

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La Biblia Textual 3a Edicion

6 Ester dijo: ¡El adversario y enemigo es este malvado Amán! Y Amán quedó aterrorizado delante del rey y de la reina.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

6 Ester le respondió: 'El perseguidor y enemigo es este malvado Amán'. Y Amán quedó aterrado delante del rey y de la reina.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

6 Y Esther dijo: El enemigo y adversario es este malvado Amán. Entonces se turbó Amán delante del rey y de la reina.

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Biblia Traducción en Lenguaje Actual

6 Ester, señalando a Amán, le respondió: —¡Nuestro enemigo es este malvado! Al oír esto, Amán se quedó paralizado de miedo.

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Ester 7:6
18 Referencias Cruzadas  

Cuando nuestros enemigos supieron eso, todas las naciones que están alrededor de nosotros tuvieron miedo y se acobardaron. Tuvieron que reconocer en eso la obra de Dios.


El rey se sacó el anillo con el que sellaba sus cartas y se lo pasó a Amán, hijo de Hamdata, de la raza de Agag, el enemigo de los judíos.


El rey Asuero tomó la palabra y dijo a la reina Ester: 'Pero, ¿quién es? ¿Dónde está ese hombre que alimenta tales propósitos?»'


Ese mismo día, el rey Asuero dio a la reina Ester la casa de Amán, el enemigo de los judíos, y Mardoqueo fue a presentarse ante el rey, porque Ester había revelado al rey lo que aquél era para ella.


Cuando los malvados se lanzan contra mí para comer mi carne, ellos, mis enemigos y contrarios, tropiezan y perecen.


¡El enojo del rey es peligro de muerte! Pero un hombre sabio puede apaciguarlo.


El país avanzará si el rey se pone al servicio de los campos.


Ando perdido, cosas horribles me llenan de terror; el atardecer, que tanto esperaba, ahora me causa pánico.


Dejen que Dios juzgue a los que están fuera, pero ustedes ¡saquen al perverso de entre ustedes!


Entonces se manifestará el adversario, a quien el Señor ha de barrer con el soplo de su boca y al que derribará cuando venga en su gloria.


Que Yavé juzgue entre tú y yo. Que Yavé me vengue de ti, pero mi mano no se alzará contra ti.


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