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Mateo 7:26 - Dios habla hoy 1994 PC

26 Pero el que me oye y no hace lo que yo digo, es como un tonto que construyó su casa sobre la arena.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, le compararé a un hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

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Biblia Nueva Traducción Viviente

26 Sin embargo, el que oye mi enseñanza y no la obedece es un necio, como la persona que construye su casa sobre la arena.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

26 Pero dirán del que oye estas palabras mías, y no las pone en práctica: aquí tienen a un tonto que construyó su casa sobre arena.

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La Biblia Textual 3a Edicion

26 Pero cualquiera que me oye estas palabras y no las hace, será comparado a un varón insensato que edificó su casa sobre la arena,

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

26 Y todo aquel que oye estas palabras mías pero no las pone en práctica, se parecerá al hombre insensato que construyó su casa sobre la arena.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

26 Y todo el que oye estas mis palabras y no las hace, será comparado al hombre insensato, que edificó su casa sobre la arena;

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Mateo 7:26
9 Referencias Cruzadas  

Ellos murieron muy pronto como arrebatados por un río crecido.


La mujer sabia construye su casa; la necia, con sus propias manos la destruye.


Pero esos sabios quedarán humillados, acobardados, como animales caídos en la trampa. ¿Dónde está su sabiduría, si han rechazado mi palabra?


»Por tanto, el que me oye y hace lo que yo digo, es como un hombre prudente que construyó su casa sobre la roca.


Vino la lluvia, crecieron los ríos y soplaron los vientos contra la casa; pero no cayó, porque tenía su base sobre la roca.


Vino la lluvia, crecieron los ríos, soplaron los vientos y la casa se vino abajo. ¡Fue un gran desastre!»


Pero el que me oye y no hace lo que digo, se parece a un hombre que construyó su casa sobre la tierra y sin cimientos; y cuando el río creció y dio con fuerza contra ella, se derrumbó y quedó completamente destruida.»


No seas tonto, y reconoce que si la fe que uno tiene no va acompañada de hechos, es una fe inútil.


Por lo tanto, el Señor, el Dios de Israel, que había dicho que tú y tu familia le servirían siempre, ahora declara: “Jamás permitiré tal cosa, sino que honraré a los que me honren, y los que me desprecien serán puestos en ridículo. Yo, el Señor, lo afirmo.


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