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Romanos 4:25 - Biblia de Jerusalem 3-Edicion

25 quien fue entregado por nuestros pecados, y resucitó para nuestra justificación.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

25 Él fue entregado a la muerte por causa de nuestros pecados, y resucitado para hacernos justos a los ojos de Dios.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

25 Si bien fue entregado por nuestros pecados, fue resucitado para que entráramos a la vida justa.

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La Biblia Textual 3a Edicion

25 el cual fue entregado por causa de nuestras transgresiones, y resucitado a causa° de nuestra justificación.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

25 el cual fue entregado por nuestras faltas y fue resucitado para nuestra justificación.

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

25 el cual fue entregado por nuestras transgresiones, y resucitado para nuestra justificación.

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Romanos 4:25
34 Referencias Cruzadas  

¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba! Nosotros le tuvimos por azotado, herido de Dios y humillado.


'Setenta semanas han sido fijadas a tu pueblo y a tu ciudad santa para poner fin al delito, sellar los pecados y expiar la culpa; para establecer la justicia eterna, sellar visión y profecía y consagrar el santo de los santos.


Pasadas las sesenta y dos semanas matarán al ungido sin culpa y un príncipe que vendrá con su ejército destruirá la ciudad y el santuario. Su fin será un cataclismo y hasta el final de la guerra durarán los desastres anunciados.


¡Despierta, espada, contra mi pastor, contra mi ayudante! - oráculo de Yahvé Sebaot -. ¡Hiere al pastor, que se dispersen las ovejas, yo volveré mi mano contra los corderos!


de la misma manera que el Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos.'


a quien exhibió Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, mediante la fe, para mostrar su justicia, habiendo pasado por alto los pecados cometidos anteriormente,


Así pues, como el delito de uno atrajo sobre todos los hombres la condenación, así también la obra de justicia de uno procura a todos la justificación que da la vida.


Pues lo que era imposible a la ley, reducida a la impotencia por la carne, Dios, habiendo enviado a su propio Hijo en una carne semejante a la del pecado, y en orden al pecado, condenó el pecado en la carne,


Y si Cristo no resucitó, vuestra fe es vana: estáis todavía en vuestros pecados.


Y murió por todos, para que ya no vivan para sí los que viven, sino para aquel que murió y resucitó por ellos.


A quien no conoció pecado, le hizo pecado por nosotros, para que viniésemos a ser justicia de Dios en él.


que se entregó a sí mismo por nuestros pecados, para librarnos de este mundo perverso, según la voluntad de nuestro Dios y Padre,


y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Esta vida en la carne, la vivo en la fe del Hijo de Dios que me amó y se entregó a sí mismo por mí.


Cristo nos rescató de la maldición de la ley, haciéndose él mismo maldición por nosotros, pues dice la Escritura: Maldito el que cuelga de un madero.


y vivid en el amor como Cristo os amó y se entregó por nosotros como oblación y víctima de suave aroma.


el cual se entregó por nosotros a fin de rescatarnos de toda iniquidad y purificar para sí un pueblo que fuese suyo, deseoso de bellas obras.


Porque todo sumo sacerdote está constituido para ofrecer dones y sacrificios; de ahí que necesariamente también él tuviera que ofrecer algo.


así también Cristo, después de haberse ofrecido una sola vez para quitar los pecados de la multitud, se aparecerá por segunda vez sin relación con el pecado a los que le esperan para su salvación.


los que por medio de él creéis en Dios, que le ha resucitado de entre los muertos y le ha dado la gloria, de modo que vuestra fe y vuestra esperanza estén en Dios.


el mismo que, sobre el madero, llevó nuestros pecados en su cuerpo, a fin de que, muertos a nuestros pecados, viviéramos para la justicia; con cuyas heridas habéis sido curados.


Pues también Cristo, para llevarnos a Dios, murió una sola vez por los pecados, el justo por los injustos, muerto en la carne, vivificado en el espíritu.


Él es víctima de propiciación por nuestros pecados, no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.


y de parte de Jesucristo, el Testigo fiel, el Primogénito de entre los muertos, el Príncipe de los reyes de la tierra. Al que nos ama y nos ha lavado con su sangre de nuestros pecados


Y cantan un cántico nuevo diciendo: 'Eres digno de tomar el libro y abrir sus sellos porque fuiste degollado y compraste para Dios con tu sangre hombres de toda raza, lengua, pueblo y nación;


Yo le respondí: 'Señor mío, tú lo sabrás.' Me respondió: 'Esos son los que vienen de la gran tribulación; han lavado sus vestiduras y las han blanqueado con la sangre del Cordero.


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