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Miqueas 7:2 - Biblia de Jerusalem 3-Edicion

2 ¡Los fieles han desaparecido del país, no queda un justo entre los hombres! Todos planean asesinatos, cada cual tiende trampas a su hermano.

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Más versiones

Biblia Reina Valera 1960

2 Faltó el misericordioso de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres; todos acechan por sangre; cada cual arma red a su hermano.

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Biblia Nueva Traducción Viviente

2 La gente que sigue a Dios ha desaparecido; no queda ni una sola persona honrada sobre la tierra. Son todos asesinos; les tienden trampas hasta a sus propios hermanos.

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Biblia Católica (Latinoamericana)

2 Los creyentes han desaparecido del país, y entre sus habitantes no se encuentra ni siquiera un hombre justo.

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La Biblia Textual 3a Edicion

2 Desapareció el piadoso de la tierra, Y no hay más hombres rectos. Todos acechan para derramar sangre; Cada cual caza a su prójimo con una red.

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Biblia Serafín de Ausejo 1975

2 Desapareció de la tierra el piadoso, no queda un justo entre los hombres: todos acechan para derramar sangre, unos a otros se tienden redes,

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Biblia Reina Valera Gómez (2023)

2 Pereció el hombre bueno de la tierra, y ninguno hay recto entre los hombres: todos acechan por sangre; cada uno caza a su hermano con red.

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Miqueas 7:2
29 Referencias Cruzadas  

acecha escondido como león en su guarida, acecha para atrapar al desdichado, atrapa al desdichado atrayéndolo a su red.


[Del maestro de coro. En octava. Salmo. De David.]


¡Sálvanos, Yahvé, que escasean los fieles, que desaparece la lealtad entre los hombres!


¡Alzate, oh Dios, sobre el cielo, sobre toda la tierra, tu gloria!


Si te dicen: '¡Vente con nosotros, tendamos trampas mortales y acechemos por capricho al inocente;


Las palabras de los malvados son trampas mortales, la boca salva a los honrados.


Querrá mandar la gente, cada cual en cada cual, los unos a los otros, y cada cual en su compañero. Se revolverá el mozo contra el anciano, y el vil contra el hombre de peso.


Un justo perece, pero eso a nadie le importa. Hombres de bien desaparecen, sin que nadie comprenda que por obra del malvado desaparece el justo.


Sus pies corren al mal y se apresuran a verter sangre inocente. Sus proyectos son proyectos inicuos, destrucción y quebranto en sus caminos.


corta a diestra y queda con hambre, come a siniestra y no se sacia; cada uno se come la carne de su brazo.


Voy a enviar a muchos pescadores - oráculo de Yahvé -, que los pescarán. Y luego de esto enviaré a muchos cazadores, y los cazarán de encima de cada monte y de cada cerro y de los resquicios de las peñas.


cuyo carcaj es como tumba abierta: todos son valientes.


Porque hay en mi pueblo malhechores: preparan la red, como paranceros montan celada: ¿y qué atrapan? ¡hombres!


He escuchado atentamente: no hablan a derechas. Nadie deplora su maldad diciendo: '¿Qué hice?' Todos se extravían, cada cual en su carrera, como caballo desbocado en la batalla.


Nuestros pasos eran vigilados, nos prohibían andar por las plazas. Cerca estaba nuestro fin, cumplidos nuestros días, sí, llegaba nuestro fin. Qof.


en ti se acepta soborno para derramar sangre; tomas a usura e interés, explotas a tu prójimo con violencia, y te has olvidado de mí, oráculo del Señor Yahvé.


Porque así dice el Señor Yahvé: ¡Ay de la ciudad sanguinaria, olla toda roñosa, cuya herrumbre no se le va! ¡Vacíala trozo a trozo, sin echar suertes sobre ella!


Escuchad esto, sacerdotes, estad atentos, casa de Israel, casa real, prestad oído, ya que contra vosotros va el juicio; porque habéis sido un lazo en Mispá y una red tendida en el Tabor;


Como bandidos emboscados son la pandilla de sacerdotes: asesinan por el camino de Siquén, y cometen infamia.


Sois vosotros los que os levantáis como enemigos contra mi pueblo. Además de la túnica le arrancáis el manto a los que desfilan confiados al regreso de la guerra.


que edificáis a Sión con sangre y a Jerusalén con crímenes.


Pero vosotros odiáis el bien y amáis el mal, arrancáis la piel de encima, y la carne de los huesos.


Pues yo no perdonaré más a los habitantes de esta tierra, oráculo de Yahvé; entregaré a cada uno en manos de su vecino y en manos de su rey; cuando aplasten el país, yo no los libraré de sus manos.


Los judíos le apoyaron, afirmando que las cosas eran así.


Acabas de ver que Yahvé te ha puesto en mis manos en la cueva, y han hablado de matarte, pero te he perdonado, pues me he dicho: No alzaré mi mano contra mi señor, porque es el ungido de Yahvé.


Que no caiga ahora mi sangre en tierra lejos de la presencia de Yahvé, pues ha salido el rey de Israel a la caza de una simple pulga como quien persigue una perdiz en los montes.'


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