Después de nacer Jesús en Belén de Judea, en tiempos del rey Herodes, unos sabios del oriente llegaron a Jerusalén, preguntando: Cuando vieron la estrella, se regocijaron mucho con gran alegría. Entrando en la casa, vieron al Niño con Su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra. Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, se fueron para su tierra por otro camino. Después de haberse marchado ellos, un ángel del Señor se apareció* a José en sueños, diciendo: «Levántate, toma al Niño y a Su madre y huye a Egipto, y quédate allí hasta que yo te diga; porque Herodes quiere buscar y matar al Niño». Y levantándose José, tomó de noche al Niño y a Su madre, y se trasladó a Egipto; estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: «De Egipto llamé a Mi Hijo». Herodes, al verse burlado por los sabios, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que había en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los sabios. Entonces se cumplió lo que fue dicho por medio del profeta Jeremías, cuando dijo: «Se oyó una voz en Ramá, Llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, Y que no quiso ser consolada Porque ya no existen». Pero cuando murió Herodes, un ángel del Señor se apareció* en sueños a José en Egipto, diciéndole: «¿Dónde está el Rey de los judíos que ha nacido? Porque vimos Su estrella en el oriente y lo hemos venido a adorar».
Y el ángel le dijo: «No temas, María, porque has hallado gracia delante de Dios. Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús.
También José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, Y el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él. Los padres de Jesús acostumbraban ir a Jerusalén todos los años a la fiesta de la Pascua. Y cuando Él cumplió doce años, subieron allá conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran Sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscar a Jesús entre los familiares y conocidos. Cuando no lo encontraron, volvieron y lo buscaron en Jerusalén. Después de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de Su entendimiento y de Sus respuestas. Cuando Sus padres lo vieron, se quedaron maravillados; y Su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera? Mira, Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia». Entonces Él les dijo: «¿Por qué me buscaban? ¿Acaso no sabían que me era necesario estar en la casa de Mi Padre?». para inscribirse junto con María, comprometida para casarse con él, la cual estaba encinta.
Sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
-»Tu morada está en medio del engaño; Por causa del engaño rehúsan conocerme», declara el Señor.
El ángel le respondió: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y el poder del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el santo Niño que nacerá será llamado Hijo de Dios.
Y dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados». Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: «Miren, la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».
Entrando en la casa, vieron al Niño con Su madre María, y postrándose lo adoraron; y abriendo sus tesoros le presentaron obsequios de oro, incienso y mirra.
Y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
Pero el ángel les dijo: «No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor.
Pero cuando vino la plenitud del tiempo, Dios envió a Su Hijo, nacido de mujer, nacido bajo la ley, a fin de que redimiera a los que estaban bajo la ley, para que recibiéramos la adopción de hijos.
Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había hablado por medio del profeta, diciendo: «Miren, la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».
El Verbo se hizo carne, y habitó entre nosotros, y vimos Su gloria, gloria como del unigénito del Padre, lleno de gracia y de verdad.
Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, Y la soberanía reposará sobre Sus hombros. Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz. El aumento de Su soberanía y de la paz no tendrán fin Sobre el trono de David y sobre su reino, Para afianzarlo y sostenerlo con el derecho y la justicia Desde entonces y para siempre. El celo del Señor de los ejércitos hará esto.
También José subió de Galilea, de la ciudad de Nazaret, a Judea, a la ciudad de David que se llama Belén, por ser él de la casa y de la familia de David, Y el Niño crecía y se fortalecía, llenándose de sabiduría; y la gracia de Dios estaba sobre Él. Los padres de Jesús acostumbraban ir a Jerusalén todos los años a la fiesta de la Pascua. Y cuando Él cumplió doce años, subieron allá conforme a la costumbre de la fiesta. Al regresar ellos, después de haber pasado todos los días de la fiesta, el niño Jesús se quedó en Jerusalén sin que lo supieran Sus padres, y suponiendo que iba en la caravana, anduvieron camino de un día, y comenzaron a buscar a Jesús entre los familiares y conocidos. Cuando no lo encontraron, volvieron y lo buscaron en Jerusalén. Después de tres días lo encontraron en el templo, sentado en medio de los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Todos los que le oían estaban asombrados de Su entendimiento y de Sus respuestas. Cuando Sus padres lo vieron, se quedaron maravillados; y Su madre le dijo: «Hijo, ¿por qué nos has tratado de esta manera? Mira, Tu padre y yo te hemos estado buscando llenos de angustia». Entonces Él les dijo: «¿Por qué me buscaban? ¿Acaso no sabían que me era necesario estar en la casa de Mi Padre?». para inscribirse junto con María, comprometida para casarse con él, la cual estaba encinta. Pero ellos no entendieron las palabras que Él les había dicho. Descendió con sus padres y vino a Nazaret, y continuó sujeto a ellos. Y Su madre atesoraba todas estas cosas en su corazón. Y Jesús crecía en sabiduría, en estatura y en gracia para con Dios y los hombres. Sucedió que mientras estaban ellos allí, se cumplieron los días de su alumbramiento. Y dio a luz a su Hijo primogénito; lo envolvió en pañales y lo acostó en un pesebre, porque no había lugar para ellos en el mesón.
De repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: «Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace».
Pero tú, Belén Efrata, Aunque eres pequeña entre las familias de Judá, De ti me saldrá el que ha de ser gobernante en Israel. Y sus orígenes son desde tiempos antiguos, Desde los días de la eternidad.
El nacimiento de Jesucristo fue como sigue: estando Su madre María comprometida para casarse con José, antes de que se llevara a cabo el matrimonio, se halló que había concebido por obra del Espíritu Santo. Entonces José su marido, siendo un hombre justo y no queriendo denunciarla públicamente, quiso abandonarla en secreto.
Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber». Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre.
¶Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra; Prorrumpan y canten con gozo, canten alabanzas. Canten alabanzas al Señor con la lira, Con la lira y al son de la melodía. Con trompetas y sonido de cuerno, Den voces ante el Rey, el Señor.
Entonces un retoño brotará del tronco de Isaí, Y un vástago dará fruto de sus raíces. ¶Acontecerá en aquel día Que las naciones acudirán a la raíz de Isaí, Que estará puesta como señal para los pueblos, Y será gloriosa Su morada. ¶Entonces acontecerá en aquel día que el Señor Ha de recobrar de nuevo con Su mano, por segunda vez, Al remanente de Su pueblo que haya quedado De Asiria, de Egipto, de Patros, de Cus, de Elam, de Sinar, de Hamat Y de las islas del mar. Alzará un estandarte ante las naciones, Reunirá a los desterrados de Israel, Y juntará a los dispersos de Judá De los cuatro confines de la tierra. Entonces se disipará la envidia de Efraín, Y los que hostigan a Judá serán exterminados. Efraín no envidiará a Judá, Ni Judá hostigará a Efraín. Ellos se lanzarán sobre el costado de los filisteos al occidente, Juntos despojarán a los hijos del oriente. Edom y Moab estarán bajo su dominio, Y los amonitas les estarán sujetos. Y el Señor destruirá La lengua del mar de Egipto. Agitará Su mano sobre el Río Con Su viento abrasador; Lo partirá en siete arroyos Y hará que se pueda pasar en sandalias. Y habrá una calzada desde Asiria Para el remanente que quede de Su pueblo, Así como la hubo para Israel El día que subieron de la tierra de Egipto. Y reposará sobre Él el Espíritu del Señor, Espíritu de sabiduría y de inteligencia, Espíritu de consejo y de poder, Espíritu de conocimiento y de temor del Señor.
Concebirás en tu seno y darás a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Este será grande y será llamado Hijo del Altísimo, y el Señor Dios le dará el trono de Su padre David; y reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y Su reino no tendrá fin».
Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho.
El pueblo que andaba en tinieblas Ha visto gran luz; A los que habitaban en tierra de sombra de muerte, La luz ha resplandecido sobre ellos.
Simeón los bendijo, y dijo a Su madre María: «Este Niño ha sido puesto para caída y levantamiento de muchos en Israel, y para ser señal de contradicción, y una espada traspasará aun tu propia alma, a fin de que sean revelados los pensamientos de muchos corazones».
Y habiendo sido advertidos por Dios en sueños que no volvieran a Herodes, se fueron para su tierra por otro camino.
Así que, por cuanto los hijos participan de carne y sangre, también Jesús participó de lo mismo, para anular mediante la muerte el poder de aquel que tenía el poder de la muerte, es decir, el diablo, y librar a los que por el temor a la muerte, estaban sujetos a esclavitud durante toda la vida.
Canten al Señor un cántico nuevo; Canten al Señor, toda la tierra. Digan entre las naciones: «El Señor reina; Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible; Él juzgará a los pueblos con equidad». ¶Alégrense los cielos y regocíjese la tierra; Ruja el mar y cuanto contiene; Gócese el campo y todo lo que en él hay. Entonces todos los árboles del bosque cantarán con gozo Delante del Señor, porque Él viene; Porque Él viene a juzgar la tierra: Juzgará al mundo con justicia Y a los pueblos con Su fidelidad. Canten al Señor, bendigan Su nombre; Proclamen de día en día las buenas nuevas de Su salvación. Cuenten Su gloria entre las naciones, Sus maravillas entre todos los pueblos.
»Porque de tal manera amó Dios al mundo, que dio a Su Hijo unigénito, para que todo aquel que cree en Él, no se pierda, sino que tenga vida eterna.
Entonces María dijo: «Mi alma engrandece al Señor, Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador.
«Bendito sea el Señor, Dios de Israel, Porque nos ha visitado y ha traído redención para Su pueblo, Y nos ha levantado un cuerno de salvación En la casa de David Su siervo, No tenían hijos, porque Elisabet era estéril, y ambos eran de edad avanzada. Tal como lo anunció por boca de Sus santos profetas desde los tiempos antiguos,
estuvo allá hasta la muerte de Herodes, para que se cumpliera lo que el Señor habló por medio del profeta, diciendo: «De Egipto llamé a Mi Hijo».
Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz Y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. ¶Extranjeros edificarán tus murallas, Y sus reyes te servirán. Porque en Mi furor te herí, Pero en Mi benevolencia he tenido compasión de ti. Tus puertas estarán abiertas de continuo. Ni de día ni de noche se cerrarán, Para que te traigan las riquezas de las naciones, Con sus reyes llevados en procesión. Porque la nación y el reino que no te sirvan, perecerán, Y esas naciones serán completamente destruidas. La gloria del Líbano vendrá a ti, El ciprés, el olmo y el boj a una, Para hermosear el lugar de Mi santuario. Y Yo haré glorioso el lugar de Mis pies. Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, Se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban, Y te llamarán Ciudad del Señor, Sión del Santo de Israel. ¶Por cuanto tú estabas abandonada y aborrecida, Sin que nadie pasara por ti, Haré de ti gloria eterna, Gozo de generación en generación. Y mamarás la leche de las naciones, Mamarás al pecho de los reyes. Entonces sabrás que Yo, el Señor, soy tu Salvador Y tu Redentor, el Poderoso de Jacob. En vez de bronce, traeré oro, En vez de hierro, traeré plata, En vez de madera, bronce, Y en vez de piedras, hierro. Pondré como tus administradores la paz, Y como tus gobernantes la justicia. No se oirá hablar más de violencia en tu tierra, Ni de desolación, ni de destrucción dentro de tus límites; Sino que llamarás a tus murallas salvación y a tus puertas alabanza. Ya el sol no será para ti luz del día, Ni el resplandor de la luna te alumbrará; Sino que tendrás al Señor por luz eterna, Y a tu Dios por tu gloria. Porque tinieblas cubrirán la tierra Y densa oscuridad los pueblos. Pero sobre ti amanecerá el Señor, Y sobre ti aparecerá Su gloria. Nunca más se pondrá tu sol, Ni menguará tu luna, Porque tendrás al Señor por luz eterna, Y se habrán acabado los días de tu luto. Entonces todos los de tu pueblo serán justos. Para siempre poseerán la tierra, Vástago de Mi plantío, Obra de Mis manos, Para que Yo me glorifique. El más pequeño llegará a ser un millar, Y el más insignificante una nación poderosa. Yo, el Señor, a su tiempo lo apresuraré. Y acudirán las naciones a tu luz, Y los reyes al resplandor de tu amanecer.
Cuando José despertó del sueño, hizo como el ángel del Señor le había mandado, y tomó consigo a María como su mujer; y la conservó virgen hasta que dio a luz un Hijo; y le puso por nombre Jesús.
-»Y tú, niño, serás llamado profeta del Altísimo; Porque irás delante del Señor para preparar Sus caminos; Para dar a Su pueblo el conocimiento de la salvación Por el perdón de sus pecados, Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que la Aurora nos visitará desde lo alto, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, Para guiar nuestros pies en el camino de paz».
¡Aleluya! Alaben al Señor desde los cielos; Alábenlo en las alturas. Las fieras y todo el ganado; Reptiles y aves que vuelan; Reyes de la tierra y todos los pueblos; Príncipes y todos los jueces de la tierra; Jóvenes y también vírgenes; Los ancianos junto con los niños. ¶Alaben ellos el nombre del Señor, Porque solo Su nombre es exaltado; Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poder de Su pueblo, Alabanza para todos Sus santos, Para los israelitas, pueblo a Él cercano. ¡Aleluya! Alábenlo, todos Sus ángeles; Alábenlo, todos Sus ejércitos. Alábenlo, sol y luna; Alábenlo, todas las estrellas luminosas. Alábenlo, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos.
Y a su vez, Isaías dice: «Retoñará la raíz de Isaí, El que se levanta a regir a los gentiles; Los gentiles pondrán en Él su esperanza».
Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, Simeón tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, permite que Tu siervo se vaya En paz, conforme a Tu palabra; Todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad. Porque mis ojos han visto Tu salvación
De manera que todas las generaciones desde Abraham hasta David son catorce generaciones; y desde David hasta la deportación a Babilonia, catorce generaciones; y desde la deportación a Babilonia hasta Cristo, catorce generaciones.
Creció delante de Él como renuevo tierno, Como raíz de tierra seca. No tiene aspecto hermoso ni majestad Para que lo miremos, Ni apariencia para que lo deseemos.
Los reyes de Tarsis y de las islas traigan presentes; Los reyes de Sabá y de Seba ofrezcan tributo; Y póstrense ante él todos los reyes de la tierra; Sírvanle todas las naciones.
Llegando ella en ese preciso momento, daba gracias a Dios y hablaba del Niño a todos los que esperaban la redención de Jerusalén.
“Y tú, Belén, tierra de Judá, De ningún modo eres la más pequeña entre los príncipes de Judá; Porque de ti saldrá un Gobernante Que pastoreará a Mi pueblo Israel” ».
Dice el Señor a mi Señor: «Siéntate a Mi diestra, Hasta que ponga a Tus enemigos por estrado de Tus pies».
»Este es Mi Siervo, a quien Yo sostengo, Mi escogido, en quien Mi alma se complace. He puesto Mi Espíritu sobre Él; Él traerá justicia a las naciones.
El que no negó ni a Su propio Hijo, sino que lo entregó por todos nosotros, ¿cómo no nos dará también junto con Él todas las cosas?
Y entrando el ángel, le dijo: «¡Salve, muy favorecida! El Señor está contigo; bendita eres tú entre las mujeres».
«Levántate, toma al Niño y a Su madre y vete a la tierra de Israel, porque los que atentaban contra la vida del Niño han muerto». Y levantándose, José tomó al Niño y a Su madre, y vino a la tierra de Israel.
Estén quietos, y sepan que Yo soy Dios; Exaltado seré entre las naciones, exaltado seré en la tierra.
Aclamen con júbilo al Señor, toda la tierra. Sirvan al Señor con alegría; Vengan ante Él con cánticos de júbilo. Sepan que Él, el Señor, es Dios; Él nos hizo, y no nosotros a nosotros mismos; Pueblo Suyo somos y ovejas de Su prado. ¶Entren por Sus puertas con acción de gracias, Y a Sus atrios con alabanza. Denle gracias, bendigan Su nombre. Porque el Señor es bueno; Para siempre es Su misericordia, Y Su fidelidad por todas las generaciones.
Dice Él: «Poca cosa es que Tú seas Mi siervo, Para levantar las tribus de Jacob y para restaurar a los que quedaron de Israel. También te haré luz de las naciones, Para que Mi salvación alcance hasta los confines de la tierra».
Entonces Herodes llamó a los sabios en secreto y de ellos determinó el tiempo exacto en que había aparecido la estrella. Y enviándolos a Belén, dijo: «Vayan y busquen con diligencia al Niño; y cuando lo encuentren, avísenme para que yo también vaya y lo adore».
-»Porque grandes cosas me ha hecho el Poderoso; Y santo es Su nombre. Hubo en los días de Herodes, rey de Judea, cierto sacerdote llamado Zacarías, del grupo de Abías, que tenía por mujer una de las hijas de Aarón que se llamaba Elisabet. -»Y de generación en generación es Su misericordia Para los que le temen.
Pero Dios demuestra Su amor para con nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros.
sino que se despojó a Sí mismo tomando forma de siervo, haciéndose semejante a los hombres. Y hallándose en forma de hombre, se humilló Él mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.
¶Entren por Sus puertas con acción de gracias, Y a Sus atrios con alabanza. Denle gracias, bendigan Su nombre.
Una multitud de camellos te cubrirá, Camellos jóvenes de Madián y de Efa. Todos los de Sabá vendrán, Traerán oro e incienso, Y traerán buenas nuevas de las alabanzas del Señor.
«Miren, la virgen concebirá y dará a luz un Hijo, y le pondrán por nombre Emmanuel», que traducido significa: «Dios con nosotros».
Porque mis ojos han visto Tu salvación La cual has preparado en presencia de todos los pueblos; Luz de revelación a los gentiles, Y gloria de Tu pueblo Israel».
Jesús les habló otra vez, diciendo: «Yo soy la Luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la Luz de la vida».
Pues todos ustedes son hijos de Dios mediante la fe en Cristo Jesús. Porque todos los que fueron bautizados en Cristo, de Cristo se han revestido.
Aconteció en aquellos días que salió un edicto de César Augusto, para que se hiciera un censo de todo el mundo habitado. Pero el ángel les dijo: «No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo; porque les ha nacido hoy, en la ciudad de David, un Salvador, que es Cristo el Señor. Esto les servirá de señal: hallarán a un Niño envuelto en pañales y acostado en un pesebre». De repente apareció con el ángel una multitud de los ejércitos celestiales, alabando a Dios y diciendo: «Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace». Cuando los ángeles se fueron al cielo, los pastores se decían unos a otros: «Vayamos, pues, hasta Belén y veamos esto que ha sucedido, que el Señor nos ha dado a saber». Fueron a toda prisa, y hallaron a María y a José, y al Niño acostado en el pesebre. Cuando lo vieron, dieron a saber lo que se les había dicho acerca de este Niño. Y todos los que lo oyeron se maravillaron de las cosas que les fueron dichas por los pastores. Pero María atesoraba todas estas cosas, reflexionando sobre ellas en su corazón. Este fue el primer censo que se levantó cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y los pastores se volvieron, glorificando y alabando a Dios por todo lo que habían oído y visto, tal como se les había dicho. Cuando se cumplieron los ocho días para circuncidar al Niño, le pusieron por nombre Jesús, el nombre dado por el ángel antes de que Él fuera concebido en el seno materno. Al cumplirse los días para la purificación de ellos, según la ley de Moisés, lo trajeron a Jerusalén para presentar al Niño al Señor, (como está escrito en la Ley del Señor: «Todo varón que abra la matriz será llamado santo para el Señor)», y para ofrecer un sacrificio conforme a lo que fue dicho en la Ley del Señor: «Un par de tórtolas o dos pichones». Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Este hombre, justo y piadoso, esperaba la consolación de Israel, y el Espíritu Santo estaba sobre él. Y por el Espíritu Santo se le había revelado que no vería la muerte sin antes ver al Cristo del Señor. Movido por el Espíritu fue al templo. Y cuando los padres del niño Jesús lo trajeron para cumplir por Él el rito de la ley, Simeón tomó al Niño en sus brazos, y bendijo a Dios diciendo: «Ahora, Señor, permite que Tu siervo se vaya En paz, conforme a Tu palabra; Todos se dirigían a inscribirse en el censo, cada uno a su ciudad.
Vayan, pues, y hagan discípulos detodas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo,
Pero Él fue herido por nuestras transgresiones, Molido por nuestras iniquidades. El castigo, por nuestra paz, cayó sobre Él, Y por Sus heridas hemos sido sanados.
-»Ha ayudado a Israel, Su siervo, Para recuerdo de Su misericordia Tal como dijo a nuestros padres, A Abraham y a su descendencia para siempre».
Alegría pusiste en mi corazón, Mayor que la de ellos cuando abundan su grano y su vino nuevo.
El Espíritu del Señor Dios está sobre mí, Porque me ha ungido el Señor Para traer buenas nuevas a los afligidos. Me ha enviado para vendar a los quebrantados de corazón, Para proclamar libertad a los cautivos Y liberación a los prisioneros;
Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, Para guiar nuestros pies en el camino de paz».
Y el Dios de la esperanza los llene de todo gozo y paz en el creer, para que abunden en esperanza por el poder del Espíritu Santo.
Den gracias al Señor porque Él es bueno, Porque para siempre es Su misericordia. ¶Al que hirió a Egipto en sus primogénitos, Porque para siempre es Su misericordia; Y sacó a Israel de en medio de ellos, Porque para siempre es Su misericordia, Con mano fuerte y brazo extendido, Porque para siempre es Su misericordia. Al que dividió en dos el mar Rojo, Porque para siempre es Su misericordia, E hizo pasar a Israel por en medio de él, Porque para siempre es Su misericordia; Pero a Faraón y a su ejército destruyó en el mar Rojo, Porque para siempre es Su misericordia. Al que condujo a Su pueblo por el desierto, Porque para siempre es Su misericordia; Al que hirió a grandes reyes, Porque para siempre es Su misericordia; Y mató a reyes poderosos, Porque para siempre es Su misericordia; A Sehón, rey de los amorreos, Porque para siempre es Su misericordia, Den gracias al Dios de dioses, Porque para siempre es Su misericordia. Y a Og, rey de Basán, Porque para siempre es Su misericordia; Y dio la tierra de ellos en heredad, Porque para siempre es Su misericordia, En heredad a Israel Su siervo, Porque para siempre es Su misericordia. ¶El que se acordó de nosotros en nuestra humillación, Porque para siempre es Su misericordia, Y nos rescató de nuestros adversarios, Porque para siempre es Su misericordia. El que da sustento a toda carne, Porque para siempre es Su misericordia. Den gracias al Dios del cielo, Porque para siempre es Su misericordia. Den gracias al Señor de señores, Porque para siempre es Su misericordia.
-»Dios es mi salvación, Confiaré y no temeré; Porque mi fortaleza y mi canción es el Señor Dios, Él ha sido mi salvación».
«Gloria a Dios en las alturas, Y en la tierra paz entre los hombres en quienes Él se complace».
¶Bendito sea el Señor, que cada día lleva nuestra carga, El Dios que es nuestra salvación. (Selah)
¶¡Qué hermosos son sobre los montes Los pies del que trae buenas nuevas, Del que anuncia la paz, Del que trae las buenas nuevas de gozo, Del que anuncia la salvación, Y dice a Sión: «Tu Dios reina»!
¿Y cómo predicarán si no son enviados? Tal como está escrito: «¡Cuán hermosos son los pies de los que anuncian el evangelio del bien!».
Y porque ustedes son hijos, Dios ha enviado el Espíritu de Su Hijo a nuestros corazones, clamando: «¡Abba! ¡Padre!».
Pero mientras pensaba en esto, se le apareció en sueños un ángel del Señor, diciéndole: «José, hijo de David, no temas recibir a María tu mujer, porque el Niño que se ha engendrado en ella es del Espíritu Santo.
Digan entre las naciones: «El Señor reina; Ciertamente el mundo está bien afirmado, será inconmovible; Él juzgará a los pueblos con equidad».
Pero a todos los que lo recibieron, les dio el derecho de llegar a ser hijos de Dios, es decir, a los que creen en Su nombre,
¡Aleluya! Alaben al Señor desde los cielos; Alábenlo en las alturas. Las fieras y todo el ganado; Reptiles y aves que vuelan; Reyes de la tierra y todos los pueblos; Príncipes y todos los jueces de la tierra; Jóvenes y también vírgenes; Los ancianos junto con los niños. ¶Alaben ellos el nombre del Señor, Porque solo Su nombre es exaltado; Su gloria es sobre tierra y cielos. Él ha exaltado el poder de Su pueblo, Alabanza para todos Sus santos, Para los israelitas, pueblo a Él cercano. ¡Aleluya! Alábenlo, todos Sus ángeles; Alábenlo, todos Sus ejércitos. Alábenlo, sol y luna; Alábenlo, todas las estrellas luminosas. Alábenlo, cielos de los cielos, Y las aguas que están sobre los cielos. Alaben ellos el nombre del Señor, Pues Él ordenó y fueron creados;
Sean afectuosos unos con otros con amor fraternal; con honra, dándose preferencia unos a otros.
Doy gracias a mi Dios siempre que me acuerdo de ustedes. teniendo el mismo conflicto que vieron en mí, y que ahora oyen que está en mí. Pido siempre con gozo en cada una de mis oraciones por todos ustedes, por su participación en el evangelio desde el primer día hasta ahora.
Levántate, resplandece, porque ha llegado tu luz Y la gloria del Señor ha amanecido sobre ti. ¶Extranjeros edificarán tus murallas, Y sus reyes te servirán. Porque en Mi furor te herí, Pero en Mi benevolencia he tenido compasión de ti. Tus puertas estarán abiertas de continuo. Ni de día ni de noche se cerrarán, Para que te traigan las riquezas de las naciones, Con sus reyes llevados en procesión. Porque la nación y el reino que no te sirvan, perecerán, Y esas naciones serán completamente destruidas. La gloria del Líbano vendrá a ti, El ciprés, el olmo y el boj a una, Para hermosear el lugar de Mi santuario. Y Yo haré glorioso el lugar de Mis pies. Vendrán a ti humillados los hijos de los que te afligieron, Se postrarán a las plantas de tus pies todos los que te despreciaban, Y te llamarán Ciudad del Señor, Sión del Santo de Israel. ¶Por cuanto tú estabas abandonada y aborrecida, Sin que nadie pasara por ti, Haré de ti gloria eterna, Gozo de generación en generación. Y mamarás la leche de las naciones, Mamarás al pecho de los reyes. Entonces sabrás que Yo, el Señor, soy tu Salvador Y tu Redentor, el Poderoso de Jacob. En vez de bronce, traeré oro, En vez de hierro, traeré plata, En vez de madera, bronce, Y en vez de piedras, hierro. Pondré como tus administradores la paz, Y como tus gobernantes la justicia. No se oirá hablar más de violencia en tu tierra, Ni de desolación, ni de destrucción dentro de tus límites; Sino que llamarás a tus murallas salvación y a tus puertas alabanza. Ya el sol no será para ti luz del día, Ni el resplandor de la luna te alumbrará; Sino que tendrás al Señor por luz eterna, Y a tu Dios por tu gloria. Porque tinieblas cubrirán la tierra Y densa oscuridad los pueblos. Pero sobre ti amanecerá el Señor, Y sobre ti aparecerá Su gloria.
Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonarnos los pecados y para limpiarnos de toda maldad.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios, Con que la Aurora nos visitará desde lo alto, Para dar luz a los que habitan en tinieblas y en sombra de muerte, Para guiar nuestros pies en el camino de paz».
Por tanto, el Señor mismo les dará esta señal: Miren, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, y le pondrá por nombre Emmanuel.
Entonces María dijo: «Mi alma engrandece al Señor, Y mi espíritu se regocija en Dios mi Salvador. -»Porque ha mirado la humilde condición de esta su sierva; Pues desde ahora en adelante todas las generaciones me tendrán por bienaventurada.
Y dará a luz un Hijo, y le pondrás por nombre Jesús, porque Él salvará a Su pueblo de sus pecados».
Pero el ángel les dijo: «No teman, porque les traigo buenas nuevas de gran gozo que serán para todo el pueblo;
Porque un Niño nos ha nacido, un Hijo nos ha sido dado, Y la soberanía reposará sobre Sus hombros. Y se llamará Su nombre Admirable Consejero, Dios Poderoso, Padre Eterno, Príncipe de Paz.
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