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Marcos 6 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 Y salió de allí, y vino a su patria, y le seguían sus discípulos,

2 y llegado un sábado, comenzó a enseñar en la sinagoga. Y muchos oyéndolo, estaban impresionados, diciendo: ¿De dónde vienen a éste estas cosas? y ¿qué es la sabiduría que le fué dada? que tales obras sobrenaturales se hacen por sus manos.

3 ¿No es éste el constructor, el hijo de María, hermano de Jacobo, de José, de Juda y de Simón? y ¿no están aquí sus hermanas con nosotros? y se escandalizaban en él.

4 Decíales Jesús: No hay profeta sin honra, sino en su patria, y entre sus parientes y en su casa (Juan 4:44).

5 Y no podía hacer allí ningún milagro, sino curar a unos pocos enfermos imponiéndoles las manos.

6 Y se asombraba de la incredulidad de ellos. Y recorría las aldeas de alrededor, enseñando.

7 Y llama a los doce. Y comenzó a enviarlos de dos en dos, y les daba potestad sobre los espíritus inmundos,

8 y les instruyó que no llevasen nada para el viaje, sino solamente un bordón; ni alforja, ni pan, ni dinero en el cinto,

9 mas que estén calzados de sandalias y que no vistan dos túnicas.

10 Y decíales: Donde quiera que entréis en una casa, allí posad hasta que salgáis de allí;

11 y cuantos no os recibieren, ni os escucharen, marchándoos de allí, sacudid el polvo de debajo de vuestros pies, para testimonio a ellos.

12 Y saliendo predicaban que se convirtiesen,

13 Vá y echaban fuera muchos demonios, y ungían con aceite a muchos enfermos y los sanaban.

14 Y lo oyó el rey Herodes, porque el nombre de Jesús se hizo notorio, y decía: Juan, el que bautizaba, fué despertado de entre los muertos, y por eso obran en él las fuerzas.

15 Otros decían Es Elias; otros decían: Es profeta o como uno de los profetas.]

16 Oyéndolo, Herodes dijo: Juan a quien yo decapité, éste fué despertado de entre los muertos. -

17 El, Herodes, en efecto, mandó prender a Juan, y le encadenó en la cárcel a causa de Herodías, la mujer de Felipe, su hermano, porque la tomó por mujer.

18 Juan, pues, decía a Heredes: No te es lícito tener la mujer de tu hermano.

19 Pero Herodías le guardaba rencor, y quería matarle, y no podía,

20 porque Herodes temía a Juan, sabiendo que era varón justo y santo, y le conservaba; y después de oírle hacía muchas cosas, y de buena gana le escuchaba.

21 Llegado un día oportuno, cuando Herodes, en su cumpleaños, hizo un banquete a sus grandes y a los tribunos, y a los principales de Galilea,

22 habiendo entrado la hija misma de Herodías, y danzando y agradando a Herodes y a sus comensales, el rey dijo a la muchacha: Pídeme lo que quieras, y te lo daré.

23 Y le juró: Cualquiera cosa que me pidieres, te daré, hasta la mitad de mi reino.

24 Ella, saliendo, dijo a su madre: ¿Qué pediré? Ella dijo: La cabeza de Juan, el bautista.

25 Volviendo en seguida prestamente al rey hizo la petición, diciendo: Quiero ahora mismo que me des en un plato la cabeza de Juan, el bautista.

26 Y poniéndose muy triste, el rey, por los juramentos y los comensales, no quiso desairarla.

27 Y en seguida enviando a uno de la guardia, el rey mandó que fuese traída la cabeza de Juan.

28 El que fué, lo decapitó en !a cárcel, y trajo su cabeza en un plato, y la dio a la muchacha, y la muchacha la dio a su madre.

29 Oyéndolo, los discípulos de Juan vinieron y llevaron su cadáver y lo pusieron en un sepulcro.

30 Y se reúnen los apóstoles con Jesús, y le contaron todo cuanto hicieron y cuanto enseñaron,

31 y les dijo: Venid vosotros aparte, a un lugar desierto, y descansad un poco. Porque eran muchos los que venían e iban, y ni para comer tenían tiempo.

32 Y se fueron en la barca a un lugar despoblado aparte,

33 y los vieron irse, y lo supieron muchos, y a pie de todas las ciudades concurrían allí, y se adelantaron a ellos.

34 Y saliendo Jesús vio mucha gente, y fué conmovido por ellos, porque eran como ovejas que no tienen pastor y comenzó a enseñarles muchas cosas.

35 Y siendo ya muy avanzada la hora, vinieron a él sus discípulos, diciendo: Desierto es el lugar, y es ya muy tarde;

36 despídelos para que vayan a los cortijos y aldeas de alrededor a comprar para sí qué comer.

37 Y respondióles: Dadles vosotros de comer, y dícenle: ¿Iremos a comprar panes por doscientos denarios y les daremos de comer?

38 Díceles: ¿Cuántos panes tenéis? Id y ved. Y enterados, dijeron: Cinco y dos peces,

39 Y les dio orden de que se recostasen todos por grupos, sobre la hierba verde.

40 Y se recostaron por grupos de ciento y de cincuenta en cincuenta.

41 Y tomando los cinco panes y los dos peces, alzando los ojos al cielo, dio gracias, y partió los panes, y los daba a sus discípulos para que se los pusiesen delante, y repartió los dos peces entre todos.

42 Y comieron todos y fueron saciados.

43 Y alzaron doce cestas llenas de pedazos, y de los peces.

44 Y eran los que comieron los panes cinco mil varones.

45 Y en seguida Jesús obligó a sus discípulos a entrar en la barca y a precederle a la otra orilla, hacia Betsaida, mientras que él despedía la multitud.

46 Y habiéndose despedido de ellos, se fue al monte a orar.

47 Y haciéndose tarde, estaba la barca en medio del mar, y él solo en tierra,

48 viéndolos fatigados en el remar, porque el viento les era contrario, y cerca de la cuarta vigilia de la noche, viene a ellos, andando sobre el mar, y quería pasarlos de largo.

49 Pero ellos, viéndolo andando sobre el mar, creyeron que era un fantasma, y gritaron,

50 porque todos le vieron y fueron asustados. Y en seguida habló con ellos y les dijo: ¡Tened ánimo! Yo soy: no temáis.

51 Y subió a ellos en la barca, y se calmó el viento, y quedaban en sí mismos atónitos en ex tremo y se maravillaban,

52 pues no habían entendido lo de los panes, porque el corazón de ellos estaba endurecido.

53 Habiendo hecho la travesía, llegaron a la tierra de Genesaret, y desembarcaron.

54 Y al salir ellos de la barca en seguida reconociendo la gente a Jesús,

55 recorriendo toda aquella comarca, comenzaron a traerle sobre camillas a los enfermos, adonde oían que él estaba;

56 y dondequiera que encaminaba, en aldeas o ciudades, o chacras, ponían en las plazas a los enfermos, y le rogaban que tocaran siquiera el fleco de su manto, y cuantos lo tocaban, eran sanados.

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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