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Marcos 10 - Biblia Pablo Besson (Nuevo Testamento)

1 Y levantándose de allí, viene a los términos de Judea, por allende el Jordán, y concurrieron de nuevo muchas gentes a él, y, como solía, de nuevo los enseñaba.

2 Y llegándose los fariseos le preguntaban si es lícito a un hombre repudiar a su mujer, tentándole.

3 El les respondió: ¿Qué os mandó Moisés?

4 Ellos dijeron: Moisés permitió escribir carta de divorcio, y repudiar.

5 Jesús les replicó: En vista de la dureza de vuestro corazón os escribió este mandamiento,

6 pero desde el principio de la creación macho y hembra los hizo Dios.

7 Por esto dejará un hombre a su padre y a la madre y será unido a su mujer,

8 y vendrán los dos a ser una carne, de suerte que ya no son dos, sino una carne.

9 Por tanto lo que Dios ayuntó, no lo separe un hombre.

10 Y en la casa, de nuevo, le preguntaron sus discípulos sobre este asunto,

11 y él les dice: El que repudiare a su mujer y se casase con otra, comete adulterio contra ella;

12 y si una mujer repudiare a su marido, y se casare con otro, comete adulterio.

13 Y presentábanle niños para que los tocase, mas los discípulos reprendían a los que los presentaban.

14 Viéndolo, Jesús se indignó; y les dijo: Dejad a los niños venir a mí, y no los impidáis, porque de los tales es el reino de Dios.

15 De cierto os digo: El que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él.

16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.

17 Y poniéndose él en camino, vino uno corriendo e hincando la rodilla delante de él, le preguntaba: ¡Maestro bueno!, ¿qué haré para heredar vida eterna?

18 Jesús le dijo: ¿Por qué me dices: bueno? Nadie es bueno sino uno, Dios.

19 Sabes los mandamientos: No cometas homicidio, no cometas adulterio, no hurtes, no des falso testimonio, no defraudes, honra a tu padre y a tu madre.

20 El le respondió: Maestro, todo esto guardé desde mi mocedad.

21 Y Jesús, fijando en él la vista, le amó y le dijo: Una cosa te falta: Ve, todo lo que tienes, véndelo, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo, y ven sigúeme;.

22 mas él, asombrado por la palabra, se fué entristecido, porque tenía muchas propiedades.

23 Y mirando alrededor, dijo a sus discípulos: ¡Cuan difícilmente los que tienen las riquezas entrarán en el reino de Dios!

24 Y los discípulos se asombraban de sus palabras, mas Jesús de nuevo les respondió: Hijos ¡cuan difícil es a los que han puesto su confianza en las riquezas entrar en el reino de Dios.

25 Más fácil es a un camello pasar por el ojo de la aguja que a un rico entrar en el reino de Dios.

26 Y ellos estaban más y más sorprendidos, diciéndose entre sí mismos: Y ¿quién puede ser salvado?

27 Y poniendo en ellos los ojos, Jesús dice: Para hombres imposible, mas no para Dios, porque todo es posible para Dios (Le. 1:37).

28 Y comenzó Pedro a decirle: He aquí nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido.

29 Y Jesús respondió: De cierto os digo: No hay ninguno que ha dejado casa o hermanos o hermanas, o padre, o madre, o mujer, o hijos, o tierras a causa de mí y del evangelio

30 que no reciba cien veces ahora en este tiempo casas y hermanos y hermanas y madres, e hijos y chacras, con persecuciones, y en el siglo venidero vida eterna.

31 Mas muchos primeros serán postreres, y postreros primeros.

32 Y estaban en el camino, subiendo a Jerusalem, y Jesús iba delante de ellos, y estaban asombrados y siguiendo tenían miedo. Y tomando de nuevo a los doce, comenzó a decirles las cosas que le iban a suceder.

33 He aquí subimos a Jerusalem, y el hijo del hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, \ y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles,

34 y le escarnecerán, y le azotarán, y le escupirán, y le matarán, y al tercer día se levantará.

35 Y se acercaron a él Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, diciendo: Maestro, queremos que hagas por nosotros lo que te pidamos.

36 Y Jesús les dijo: ¿Qué queréis que haga por vosotros?

37 Ellos le dijeron: Danos que el uno a tu derecha y el otro a tu izquierda nos sentemos en tu gloria.

38 Jesús les dijo: No sabéis 10 que pedís. ¿Podéis beber el cáliz que yo bebo y ser bautizados del bautismo de que yo soy bautizado?

39 Ellos le dijeron: Podemos. Jesús les dijo: El cáliz que yo bebo beberéis, y del bautismo de que yo soy bautizado, seréis bautizados;

40 mas el sentarse a mi derecha y a mi izquierda, no es mío darlo, sino para quienes está aparejado.

41 Oyéndolo, los diez comenzaron a indignarse contra Jacobo y Juan,

42 mas Jesús, llamándolos, les dice: Sabéis que los que figuran gobernar las naciones se enseñorean de ellas, y sus grandes se apoderan de ellas.

43 Mas no es así entre vosotros. Al contrario el que quisiere ser grande entre vosotros será servidor de vosotros,

44 y el que quisiere ser primero entre vosotros, será esclavo de todos, y en efecto,

45 el hijo de] hombre no vino a ser servido, sino a servir, y dar vida en rescate por muchos.

46 Y llegan a Jericó. y saliendo él de Jericó, con sus discípulos y bastante gente, un hijo de Timeo, Bartimeo, ciego, estaba sentado junto al camino, pidiendo limosna

47 y oyendo que era Jesús, el nazareno, empezó a dar voces, y a decir: ¡Hijo de David, Jesús, compadécete de mí!

48 Y muchos le reprendían para que callase, mas él mucho más fuerte gritaba: Hijo de David, compadécete de mí.

49 Y parándose, Jesús dijo: Llamadle. Y llaman al ciego, diciéndole: ¡Ten ánimo, levántate, te llama!

50 Y él, echando su manto, se levantó y vino a Jesús,

51 y Jesús le respondió: ¿Qué quieres que te haga? Y el ciego le dijo: Maestro, ¡que recobre la vista!

52 Y Jesús le dijo: Ve. Tu fe te ha salvado. Y al instante recobró la vista, y seguía a Jesús, en el camino.

Nuevo Testamento de Pablo Besson

Copyright © Edición Conmemorativa 1981, Asociación Bautista Argentina de Publicaciones.

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