El necio se cruza de brazos, y devora su propia carne.
El necio cruza sus manos y come su misma carne.
«Los necios se cruzan de brazos, y acaban en la ruina».
El tonto que se cruza de brazos, devora su propia carne.
El necio se cruza de brazos y se devora a sí mismo.
El necio dobla sus manos y come su propia carne.
Es verdad que, «el tonto no quiere trabajar y por eso acaba muriéndose de hambre»;
¡Yo tomo mi carne entre mis dientes, Y pongo mi vida en las palmas de mis manos!
El misericordioso hace bien a su alma, Pero el cruel daña su propia carne.
¡Ni su propia presa asará el indolente! ¡Precioso tesoro del hombre es la diligencia!
El alma del perezoso desea, y nada alcanza, Pero el alma del diligente será gratificada.
En otoño no ara el holgazán, Rebuscará en la cosecha, pero no hallará nada.
¿Hasta cuándo dormirás, oh perezoso? ¿Cuándo te levantarás de tu sueño?
Las palabras del sabio son provechosas, Pero los labios del necio causan su propia ruina.
Cada uno devora la carne de su prójimo Y ninguno perdona a su hermano. Devora a diestra, y sigue con hambre, Devora a siniestra, pero no se harta.