Por todo ello, no debemos dejar de confiar totalmente en Dios. Si la vida es como un camino que hay que recorrer, y vosotros tenéis ya cansadas las manos y débiles las rodillas, tomad nuevas fuerzas.
Yo soy Dios, tu Creador; yo te formé desde antes que nacieras, y vengo en tu ayuda. No tengas miedo, Israel, pueblo mío, tú eres mi fiel servidor, tú eres mi elegido.
Por tanto, no tengáis miedo, pues yo soy vuestro Dios y estoy a vuestro lado. Mi mano victoriosa os dará fuerza y ayuda; mi mano victoriosa siempre os dará su apoyo.
Súbete a un monte y anuncia esta buena noticia a los habitantes de Jerusalén. No tengas miedo; grita con todas tus fuerzas y di a las ciudades de Judá: «¡Aquí viene nuestro Dios!
No tengas miedo, pues no te insultarán ni pasarás vergüenza. Olvida la vergüenza que sentiste al no tener hijos siendo joven, o la deshonra que sufriste al quedar viuda;