Referencias Cruzadas

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Sofonías 3:15

Biblia Lenguaje Básico

No tenéis nada que temer, porque Dios, el rey de Israel, no volverá a castigaros; ha expulsado a vuestros enemigos, y ha anulado la condena dictada contra vosotros.

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48 Referencias Cruzadas  

porque así habla vuestro Dios, el Dios defensor de su pueblo: «Ya no voy a castigaros más ni a daros más a beber la copa de mi enfado.


Derramaré mi espíritu sobre el pueblo de Israel y no volveré a darle la espalda. Yo soy el Dios de Israel y cumpliré mi palabra.


Son unos malvados que no se avergüenzan de nada; pero yo, que soy Justo, estoy en medio de ti, Jerusalén, y te trataré con justicia, dictando sentencia cada mañana al amanecer.


Yo mismo os plantaré en vuestra tierra, y nadie volverá a arrancaros de la tierra que os di. Yo soy el Dios de Israel y cumpliré mi palabra.


Entonces Natanael respondió: —Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios y el Rey de Israel!


Nunca más se oirá hablar de violencia contra ti, nadie asolará ni destruirá tu territorio; a tus murallas, Jerusalén, las llamarán "Salvación", y a tus puertas "Alabanza".


Dios es nuestro juez y nuestro rey, él es quien nos salvará.


has perdonado a tu pueblo su maldad y sus pecados;


Entonces oí que una fuerte voz decía en el cielo: —Nuestro Dios ha salvado a su pueblo; ha mostrado su poder y es el único rey. Su Mesías gobierna sobre todo el mundo, mientras que el diablo, el que día y noche acusaba a nuestros hermanos delante de nuestro Dios, ha sido arrojado del cielo.


Por eso están ahora delante del trono de Dios y día y noche le rinden culto en su Templo. Dios, el que está sentado en el trono, estará con ellos y los protegerá.


Pilato ordenó que escribieran un letrero que explicara por qué habían crucificado a Jesús. El letrero fue escrito en tres idiomas: hebreo, latín y griego; y decía: «Jesús de Nazaret, el rey de los judíos». Colocaron el letrero en la cruz, por encima de la cabeza de Jesús. Como el lugar donde crucificaron a Jesús estaba cerca de la ciudad, muchos judíos leyeron el letrero.


¡No tengáis miedo habitantes de Jerusalén! ¡Ya viene vuestro Rey! ¡Viene montado en un burro!


¡Alégrate, ciudad de Jerusalén, salta de júbilo, monte de Sion! Porque tu rey viene hacia ti, montado sobre un burro, sobre un asno, hijo de asna. Es humilde, pero justo, y viene como vencedor.


pues tu Dios está contigo y con su poder te salvará. Él se alegra y goza contigo; con cantos de alegría te expresará la felicidad que le haces sentir,


La violencia con que trataste a los animales del monte Líbano se volverá en tu contra; así pagarás por todos tus crímenes, por tu violencia contra nuestro país, contra nuestras ciudades y sus habitantes.


Edom, enemiga mía, tú me preguntabas por mi Dios; pues vas a quedar avergonzada cuando veas lo que Dios hará por mí. Entonces me alegraré al verte pisoteada como el barro de las calles.


La muralla que rodeará la ciudad será de nueve mil metros. A partir de ese día, la ciudad se llamará: «Dios está aquí».


Yo mismo me alegraré con ella y haré fiesta con mi pueblo. En Jerusalén no habrá más llanto ni se oirán gritos pidiendo socorro.


Vivirás libre de peligros, y no volverás a sentir miedo.


Dios destruirá para siempre el poder de la muerte, secará las lágrimas de todos y borrará en la tierra entera la vergüenza que padece su pueblo. Lo asegura él, que es Dios todopoderoso.


y tuviera un hijo. Cuando nació el niño, Raquel dijo: —Dios me quitó la vergüenza de no tener hijos. Y le puso por nombre José, que significa «que Dios añada», pues dijo: —¡Ojalá que Dios me dé otro hijo!


En su manto y sobre el muslo, llevaba escrito este título: «Rey de reyes y Señor de señores».


Tú has saqueado a muchas naciones, pues otras naciones te saquearán a ti. Así pagarás todos tus crímenes, tu violencia contra nuestro país, contra nuestras ciudades y sus habitantes.


y a los que Dios va a liberar. Volverán en Jerusalén cantando con mucha alegría, y para siempre vivirán felices. Se acabarán el llanto y el dolor, solo habrá alegría y felicidad.


Yo no puedo hacer nada por mi propia cuenta. Mi Padre me envió y él me dice cómo debo juzgar a las personas. Por eso yo juzgo correctamente, porque no hago lo que yo quiero, sino lo que quiere el Padre que me envió.


¡Alegraos por su ruina los que vivís en el cielo! ¡Y alegraos también vosotros, santos, apóstoles y profetas, pues Dios la ha castigado por todo el mal que os ha hecho!


Las normas de Dios son rectas y alegran el corazón. Sus mandamientos son puros e iluminan nuestra vida.


Demos gritos de alegría, habitantes de Jerusalén, porque en medio de nosotros está el Dios único y perfecto, con toda su grandeza».


Vosotros sabíais que yo estoy allí con mi pueblo. Sin embargo, dijisteis: «Esas dos naciones, esos dos países —Israel y Judá—, van a ser nuestros, nos vamos a apoderar de ellos».


Nosotros, los israelitas que vivimos en Jerusalén, cantemos alegres a Dios, nuestro creador y rey.


Jerusalén que estás en ruinas, entona canciones de alegría porque Dios se ha compadecido de su pueblo y ha decidido tu liberación.


Desde un país lejano me llegan los gritos de mi pueblo; «Ya no habita Dios en Jerusalén, ya no está allí nuestro rey». «Eso sucede, responde Dios, porque los israelitas me han ofendido dando cultos a los ídolos sirviendo a dioses extranjeros».


No permitiré que vuelvan a insultarte las naciones ni que tu pueblo quede sin hijos. Yo soy el Dios de Israel y cumpliré mi palabra.





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