Todos los que te vean se alejarán de ti diciendo: «¡Nínive está destruida! ¿Habrá alguien que la consuele? ¿Habrá quién le tenga compasión?». Yo soy el Dios de Israel, y cumpliré mi palabra.
Dios hará lo que ha planeado hacer contra el monte Sion y Jerusalén. Y una vez que lo haya cumplido, castigará al rey de Asiria por su orgullo y su arrogancia.
morirás quemada por el fuego y destrozada por la guerra; el enemigo acabará contigo como una plaga de saltamontes. De nada te servirán tu fuerza militar y tus muchos soldados.
Los que de Israel quedemos con vida seremos entre las naciones como la lluvia que Dios envía: cae del cielo y riega la hierba sin la intervención humana. Seremos también como los leones cuando atacan un rebaño: atrapan a las ovejas y las destrozan, y no dejan que ninguna se escape.
Entonces, Dios mostrará de nuevo su poder y hará que regrese su pueblo dispersado, los que aún queden en Asiria y en Egipto, en Patros, Etiopía y Elam, en Sinar, Jamat y las islas del mar.