¡Ya se acerca el gran día en que vendré a castigarlos! ¡Se acerca con gran rapidez! ¡Ese día será tan grande la angustia que hasta los más valientes gritarán!
Es el día que tiene reservado el todopoderoso Dios de Israel para vengarse de sus enemigos. La espada se empapará de sangre y acabará por matar a todos. Allá en el país del norte, a la orilla del río Éufrates, el todopoderoso Dios de Israel dará muerte a muchos.
Habrá una matanza en Bosrá, la ciudad capital de Edom, y correrá mucha sangre. La espada de Dios se empapará de sangre y de grasa, como cuando en el altar se ofrecen corderos y cabras.
Entonces el rey envió a otros sirvientes con este mensaje: «La comida ya está lista. He mandado preparar la carne de mis mejores terneros. ¡Venid a la fiesta!».
Samuel les contestó: —Todo está bien. No pasa nada. Solo he venido a ofrecer a Dios un sacrificio. Preparaos y venid conmigo a ofrecer el sacrificio. Samuel mismo purificó a Jesé y a sus hijos y los invitó a participar en el sacrificio.
Tal vez llegue algún pariente para recoger y quemar los cadáveres; si otro pariente le pregunta si todavía queda alguien, el primero le responderá que no, y le advertirá que se calle, porque no se debe pronunciar mi santo nombre.
Al frente de este ejército, que es muy grande y poderoso, Dios deja oír su voz de mando y este ejército lo obedece. Ante el día de Dios que será impresionante y terrible, nadie podrá mantenerse firme.
Entonces exclamé: «¡Ahora sí voy a morir! Porque yo, que soy un hombre pecador y vivo en medio de un pueblo pecador, he visto al rey del universo, al Dios todopoderoso».
yo le contestaría: «Amigo mío, tú no eres nadie para cuestionar las decisiones de Dios». La olla de barro no puede quejarse al que la hizo por haberle dado esa forma.
Sabemos que la ley de Moisés tiene valor para los que se someten a ella. Y lo que la ley dice, es para que nadie pueda declararse inocente; es para que todo el mundo se reconozca culpable ante Dios.
Está cerca el día en que convertiré en lamentos los cantos de palacio. Ese día habrá tantos cadáveres que los arrojarán silenciosamente en cualquier parte. Así os lo aseguro yo mismo que soy el Dios todopoderoso.
Ciudad de Jerusalén, ya viene el día en que Dios reunirá contra ti a todas las naciones. Te atacarán, te conquistarán y se llevarán todo lo que haya en tus casas. A tus mujeres las violarán y a la mitad de tus habitantes se los llevarán a otro país, pero dejarán en ti a un pequeño grupo de gente.