Y yo hablaba, orando y confesando mis pecados y los pecados de mi pueblo de Israel, y rogando en las oraciones delante del Señor, mi Dios, y sobre el monte, el santo, de nuestro Dios;
entonces clamarás y Dios te escuchará; aun hablando tú, dirá: «Heme aquí». Si quitares de ti la atadura(a) y estiramiento de mano(b) y palabra de murmuración;
Soberano, según tu justicia, apártese tu furor y tu ira de tu ciudad de Jerusalén, tu monte santo; pues en nuestros pecados y en las ignorancias de nuestros padres, Jerusalén y tu pueblo, Señor, en oprobio, en todos los circunvecinos nuestros.
Y dije: «¡Oh mísero yo, por haberme compungido(c) , por ser hombre, e impuros labios teniendo, en medio de un pueblo que impuros labios tiene yo habitar, y al rey, Señor de ejércitos, haber visto con mis ojos!».
Esto dice el Señor: «Volveré a Sión y me empabellonaré en medio de Jerusalén; y será llamada Jerusalén «ciudad la verdadera», y el monte del Señor Todopoderoso, «monte santo».
llevaréles al monte mío, el santo, y alegraréles en la casa de mi oración; sus holocaustos y sus hostias serán aceptos sobre mi altar. Pues mi casa, casa de oración será llamada de todas las gentes,
Y al orar Esdras y al confesar llorando y orando a la faz de la casa de Dios, congregáronse a él, de Israel, reunión mucha sobremanera; varones y mujeres y niños; porque lloró el pueblo y alzóse(a) llorando.
Esté ahora tu oreja atenta y tus ojos, abiertos para escuchar la oración de tu siervo, que yo oro a faz tuya hoy, día y noche, por hijos de Israel, tus siervos, y confesando los pecados de los hijos de Israel que han pecado contra ti; y yo y la casa de mi padre hemos pecado.
Y me dijo: «No temas, Daniel; pues, desde el día, el primero, que diste tu rostro a entender y humillarte delante del Señor, tu Dios, ha sido escuchada tu palabra; y yo he venido a tu palabra.»