He aquí un pueblo que se yergue cual leona, Y se alza como un león: No se echará hasta que haya devorado presa, Y haya bebido la sangre de sus víctimas.
Pero uno de los ancianos me dice: ¡No llores! ¡He aquí el León, el de la tribu de Judá,° la raíz de David,° ha vencido para abrir el rollo y sus siete sellos!
Aquel día pondré a los caudillos de Judá como brasero encendido° entre la leña y como antorcha de fuego entre las gavillas, pues devorarán a diestra y a siniestra a todos los pueblos vecinos; y Jerusalem será otra vez habitada en su mismo asiento: en Jerusalem.
Lo veré, pero no ahora, Lo contemplaré, pero no de cerca. Surgirá una estrella° de Jacob, Y de Israel se levantará un cetro. Que aplastará las sienes de Moab, Y el cráneo° de todos los hijos de Set.
Y en los días de estos reyes, el Dios de los cielos establecerá un reino que no será jamás destruido, ni el reino será dejado a otro pueblo, sino que desmenuzará y consumirá a todos estos reinos, pero él permanecerá para siempre,
Como gruñe el león o el cachorro con su presa, Y no se amedrenta por el griterío de los pastores que viene contra él, Ni se intimida por su tumulto, Así descenderá YHVH Sebaot A combatir sobre el Monte Sión, Sobre su cima.