pero los afanes de la vida presente y el engaño de la riqueza, y las codicias de las demás cosas, entrando, ahogan la palabra y llega a ser infructuosa.
A los ricos de este mundo recomiéndales que no sean arrogantes ni pongan su esperanza en las riquezas,° que son inciertas, sino en Dios,° quien nos provee abundantemente de todas las cosas para disfrute;
Mirad pues por vosotros mismos, no sea que vuestros corazones se carguen con glotonería y embriaguez, y con los afanes de esta vida, y aquel día os sobrevenga de improviso como un lazo,°
La cavó y despedregó, y plantó una preciada cepa. Construyó una torre en su centro, y cavó en ella un lagar. Esperó a que diera uvas, pero dio agrazones.°
Porque si estas cualidades están en vosotros y abundan, no os dejarán estar ociosos ni estériles en el conocimiento pleno de Jesús el Mesías, nuestro Señor.
Hay quien está solo, sin nadie que lo acompañe, sin hijos ni hermanos, pero aun así su afán no tiene fin, su ojo no se harta de riquezas, y no se pregunta: ¿Para qué pues me afano y me privo de placeres? También esto es vanidad y tarea penosa.
Éstos son manchas° ocultas en vuestros ágapes,° que comiendo con vosotros sin temor,° se apacientan a sí mismos; ¡nubes sin agua llevadas por los vientos, árboles de otoño tardío, sin fruto, dos veces muertos, desarraigados;
Y el que fue sembrado entre espinas, éste es el que oye la palabra, pero el afán del mundo y el engaño de la riqueza° ahogan la palabra y se hace infructuosa.
No os adaptéis al mundo, sino sed transformados por la renovación de la mente,° para que comprobéis cuál es la voluntad de Dios: Lo bueno, lo aceptable y lo perfecto.
en los cuales anduvisteis en otro tiempo, según el curso de este mundo, conforme al príncipe de la potestad del aire, del espíritu que ahora actúa en los hijos de desobediencia.
porque no tenemos lucha contra sangre y carne, sino contra los principados, contra las potestades, contra los gobernadores del mundo° de las tinieblas, contra las huestes espirituales de maldad en las regiones celestes.