Y no sólo ella,° sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, nosotros también gemimos dentro de nosotros mismos, esperando ansiosamente la adopción, la redención de nuestro cuerpo.
Pero las casas de las aldeas que no tienen muralla alrededor, serán consideradas como una parcela de tierra. Tendrán derecho a rescate y quedarán libres en el jubileo.
El vendedor no recobrará lo vendido ni el comprador retendrá lo comprado,° porque la ira gravita sobre toda la multitud, y no se revocará, y a causa de su propia iniquidad, nadie podrá preservar su vida.
Mira, Hanameel, hijo de tu tío Salum, viene para decirte: Cómprame mi heredad que está en Anatot, porque tú tienes el derecho de redención para comprarla.