Y cualquier persona, sea nativo o extranjero, que coma animal mortecino o despedazado por fiera, lavará sus vestidos y se bañará en agua, y será impura hasta la tarde: entonces quedará limpia.
No comeréis ninguna bestia muerta. La podrás dar al extranjero que está en tus ciudades, y él podrá comerla, o véndela al extranjero, porque tú eres un pueblo santo para YHVH tu Dios. No cocerás el cabrito en la leche de su madre.°
Y dije: ¡Ay, Adonay YHVH! he aquí que mi alma no ha sido contaminada; desde mi juventud hasta ahora no he comido cosa mortecina ni despedazada por las fieras, ni ha entrado en mi boca carne de desecho.