En aquellos días, habiéndose multiplicado el número de los discípulos, hubo murmuración de los helenistas° contra los hebreos, porque sus viudas° eran desatendidas en el servicio diario.°
Mientras que el arcángel Miguel,° cuando disputaba con el diablo, contendiendo por el cuerpo de Moisés,° no se atrevió a proferir juicio de maldición, sino que dijo: ¡El Señor te reprenda!°
en viajes, frecuentemente; en peligros de ríos, en peligros de ladrones, en peligros de los de mi nación,° en peligros de gentiles,° peligros en la ciudad, peligros en el desierto, peligros en el mar, peligros entre falsos hermanos;
Pero había algunos de ellos, varones chipriotas y cirenenses, que habían ido a Antioquía y hablaban también a los helenistas,° predicando al Señor Jesús.
Pero Bernabé lo tomó consigo y lo llevó ante los apóstoles, y les contó cómo° había visto al Señor en el camino, y que Éste le había hablado, y cómo, en Damasco, había predicado° con denuedo en el nombre de Jesús.
Amados, poniendo toda diligencia en escribiros acerca de nuestra común salvación, tuve necesidad de escribiros exhortándoos que contendáis ardientemente por la fe una vez dada a los santos.