A ellos respondí que no es costumbre de los romanos entregar a ningún hombre sin que antes el acusado tenga a los acusadores cara a cara y se le dé la oportunidad de defenderse de la acusación.
Las muchas aguas no podrán apagar el amor, Ni los ríos podrán extinguirlo. Si uno diera por el amor todas las riquezas de su casa, De cierto sería menospreciado.