¡Que nunca jamás sea oído en ti° tañido de arpistas y de músicos, de flautistas y de trompetistas! ¡Que nunca jamás sea hallado en ti artífice de oficio alguno! ¡Que nunca jamás sea oído en ti sonido de molino!
Acumulé para mí plata y oro, tesoro digno de reinos y provincias; contraté cantores y cantoras, y tuve un harén de concubinas para gozar como suelen los hombres.
Y sucedió que cuando Acab oyó estas palabras, rasgó sus vestiduras, puso cilicio sobre su cuerpo, y ayunó y se acostó con el cilicio, y anduvo abatido.
También Mefi-boset hijo de Saúl,° bajó para encontrarse con el rey; y no se había curado los pies, ni compuesto la barba,° ni había hecho lavar sus vestidos, desde el día en que el rey había salido hasta el día en que llegó en paz.