Los guardaréis y los pondréis en práctica, pues de esta manera se pondrá a prueba vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, que, cuando tengan noticia de todos estos preceptos, dirán: 'En verdad, esta gran nación es un pueblo sabio e inteligente'.
Así, pues, no juzguéis antes de tiempo, hasta que venga el Señor. Él iluminará lo que las tinieblas ocultan y pondrá al descubierto los designios del corazón. Entonces cada uno recibirá de Dios la alabanza que merece.
Es verdadero judío quien lo es interiormente, y es verdadera circuncisión la del corazón, hecha según el Espíritu, no según la letra. Este judío es el que recibe alabanza, no de los hombres, sino de Dios.
Así la calidad de vuestra fe, de más valor que el oro que, aun después de acrisolado por el fuego perece, se convertirá en alabanza, gloria y honor en la manifestación de Jesucristo.