Respondió él: 'No los mates. ¿Acaso tú matas a los que haces prisioneros con tu espada y con tu arco? Sírveles pan y agua para que coman y beban y se vuelvan luego a su señor'.
Respondió Saúl: 'He pecado. Vuélvete, hijo mío, David, pues no te volveré a hacer mal, ya que mi vida ha sido hoy preciosa a tus ojos. He obrado como un insensato y me he engañado por completo'.
Mandó José que les llenaran de grano los sacos, que les devolvieran su dinero en el saco de cada uno y que les dieran provisiones para el camino. Y así se hizo con ellos.