Les habló como le habían aconsejado los jóvenes y les dijo: 'Un yugo pesado os impuso mi padre, pero yo agravaré aún más vuestro yugo. Si mi padre os azotó con látigos, yo os azotaré con escorpiones'.
Pero ellos no obedecieron y Manasés les indujo a hacer el mal, hasta el punto de hacer cosas peores que las que hacían las naciones que Yahveh había exterminado delante de Israel.
Saúl ordenó a sus servidores: 'Hablad a David confidencialmente y decidle: 'Mira que el rey te estima y todos sus servidores te tienen afecto; no pierdas la ocasión de hacerte yerno del rey''.