más bien prefiero recurrir a la súplica, por motivos de amor, presentándome como quien soy, Pablo, anciano y ahora, por añadidura, prisionero por Cristo Jesús.
cuando se tiene miedo de la altura y el terror acecha en el camino, cuando florece el almendro, se torna lento el saltamontes y no tiene sabor la alcaparra -y es que el hombre se va a su eterna morada, mientras los plañideros recorren las calles-;