La desencadené -oráculo de Yahveh Sebaot-, para que vaya a la casa del ladrón y a la casa del que jura en falso por mi nombre; se alojará en medio de ella y la destruirá con sus maderas y sus piedras.
En cuanto a vosotros, guardaos bien del anatema, no sea que, por tomar algo de lo anatematizado, os convirtáis en anatema, hagáis reo de anatema al campamento de Israel y le acarreéis la desgracia.
Y le has de hablar de esta manera: 'Así dice Yahveh: además de haberlo matado, ¿te apropiarás lo suyo?'. Y añadirás: 'Así habla Yahveh: en el mismo lugar en que los perros han lamido la sangre de Nabot, lamerán también la tuya''.
Por eso he traído hoy las primicias de los frutos del suelo que tú, Yahveh, me has dado'. Los dejarás ante Yahveh, tu Dios, y te postrarás ante Yahveh, tu Dios.
Yahveh te hará sobreabundar en bienes: en el fruto de tu vientre, en el de tu ganado y en el de tu suelo, en el suelo que Yahveh juró a tus padres que te había de dar.
Preguntó Amasías al varón de Dios: '¿Y qué será de los cien talentos que entregué a las tropas de Israel?'. Respondió el hombre de Dios: 'Yahveh tiene poder para darte mucho más que eso'.
Al cabo de los diez días, sus rostros eran más hermosos y presentaban mejor aspecto que el de los demás jóvenes que se alimentaban de los manjares reales.
Yabés invocó al Dios de Israel, diciendo: 'Si realmente me bendices y ensanchas mi territorio, si tu mano está conmigo, alejarás el mal y no sentiré aflicción'. Y Dios le otorgó lo que pedía.
Ezequías tuvo riquezas y gloria en gran abundancia. Adquirió tesoros de plata, oro y piedras preciosas, aromas, escudos y toda clase de objetos de gran valor;
Vano es para vosotros, los que madrugáis a levantaros, los que tardáis en retiraros, los que coméis un pan de afanes: él lo da a sus amados mientras duermen.