Cierto que nunca faltarán menesterosos en el país y por eso te ordeno: abrirás tu mano a tu hermano, al pobre de entre los tuyos y al indigente en tu tierra.
Yo no estoy ya en el mundo; pero ellos se quedan en el mundo, mientras que yo voy a ti. Padre santo, guárdalos en tu nombre, en ese nombre que me has dado, para que también ellos, lo mismo que nosotros, sean uno.
'Hijitos, ya es poco el tiempo que voy a estar con vosotros. Me buscaréis y, como dije a los judíos, también os digo ahora a vosotros: a donde yo voy, no podéis venir vosotros.'