Salieron entonces todos los israelitas y la comunidad se reunió como un solo hombre, desde Dan hasta Berseba, y los de la tierra de Galaad, ante Yahveh en Mispá.
Entonces se fue Jefté con los ancianos de Galaad y fue reconocido por el pueblo como jefe y caudillo. Y Jefté repitió todas sus palabras delante de Yahveh, en Mispá.
Y se preguntaron los israelitas: '¿Cuál de entre todas las tribus de Israel no subió a la asamblea ante Yahveh?'. Porque habían hecho este solemne juramento contra el que no subiera a Mispá ante Yahveh: 'Morirá sin remisión'.
Entonces todo el pueblo, como un solo hombre, se congregó en la plaza que hay frente a la puerta de las Aguas y dijeron a Esdras, el escriba, que trajera el libro de la ley de Moisés que Yahveh había impuesto a Israel.
Dijo, pues, el rey a Joab, jefe del ejército, que estaba con él: 'Recorre todas las tribus de Israel, desde Dan hasta Berseba, y empadronad al pueblo, porque quiero saber cuál es su número'.
Determinaron, pues, enviar aviso a todo Israel, desde Berseba hasta Dan, para que vinieran a Jerusalén a celebrar la Pascua en honor de Yahveh, Dios de Israel, pues la mayoría no la habían celebrado como está prescrito.
Ordenó, pues, David a Joab y a los jefes del pueblo: 'Id a hacer el censo de Israel desde Berseba hasta Dan, y traédmelo porque quiero saber su número'.
Todos los jefes de las tropas se enteraron de que el rey de Babilonia había nombrado gobernador a Godolías y se presentaron, con todos sus hombres, a Godolías en Mispá. Eran Ismael, hijo de Netanías, Juan, hijo de Caréaj; Serayas, hijo de Tanjumet el netofatita, y Jazanías, el maacatita.
Y también diréis a Amasá: '¿No eres tú también hueso mío y carne mía? ¡Esto me haga Dios y esto me añada, si no te hago para siempre jefe del ejército en lugar de Joab!''.
Subieron entonces todos los israelitas, todo el pueblo, a Betel a lamentarse; y permanecieron allí en presencia de Yahveh, ayunaron aquel día hasta el atardecer y ofrecieron holocaustos y sacrificios de comunión ante Yahveh.
Los israelitas partieron y subieron a Betel para consultar a Dios y le preguntaron: '¿Quién de nosotros subirá el primero a luchar con los hijos de Benjamín?'. Respondió Yahveh: 'Judá será el primero'.
Los príncipes de todo el pueblo y todas las tribus de Israel se presentaron a la asamblea del pueblo de Dios: cuatrocientos mil hombres de a pie armados de espada.
La parte que le tocó en suerte a la tribu de Manasés, que era hijo primogénito de José, fue para Maquir, hijo primogénito de Manasés y padre de Galaad. Éste era un hombre de guerra. Le tocó Galaad y Basán.
Volviéronse, pues, los rubenitas, los gaditas y la mitad de la tribu de Manasés, y dejaron a los israelitas en Siló, en la tierra de Canaán, para encaminarse al país de Galaad, a la tierra de su posesión, donde se habían instalado según la orden de Yahveh, transmitida por medio de Moisés.
Cuando Jefté llegó a Mispá, a su casa, salió a su encuentro su hija, con panderos y coros de danza. Era su hija única, pues él no tenía más hijos ni hijas.