El que blasfemare el nombre de Yahveh, morirá sin remisión; toda la comunidad lo lapidará. Tanto el extranjero como el nativo que blasfeme el Nombre, morirá.
Pilato les contestó: 'Tomadlo vosotros y juzgadlo según vuestra ley'. Los judíos le dijeron: 'Es que nosotros no estamos autorizados a sentenciar a muerte a nadie'.
Por eso Jesús ya no andaba en público entre los judíos, sino que se fue de allí a la región cercana al desierto, a una ciudad llamada Efraín, donde permaneció en compañía de sus discípulos.
David se vio entonces en un grave aprieto, porque la gente hablaba de lapidarlo, ya que todos estaban llenos de amargura por sus hijos e hijas. Pero David cobró ánimos en Yahveh, su Dios.