Bendito Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, quien según su gran misericordia, nos reengendró a una esperanza viva por la resurrección de Jesucristo de entre los muertos,
no nos salvó por las obras de justicia que hubiéramos realizado nosotros, sino, según su misericordia, por el baño regenerador y renovador del Espíritu Santo,
y no os hacéis ilusiones pensando en vuestro interior: 'Tenemos por padre a Abrahán'! Porque os aseguro que poderoso es Dios para sacar de estas piedras hijos de Abrahán.
Se estremeció entonces Isaac con un estremecimiento sobremanera grande y dijo: '¿Quién es, entonces, el que apresó la caza y me la ha traído? Yo he comido de todo antes que tú vinieras, después lo bendije, y bendito está'.