'¿Has reparado -le dijo Yahveh- en mi siervo Job? No hay otro igual en la tierra. Es hombre integro y recto, teme a Dios y evita el mal. Sigue firme en su integridad. En vano, pues, me has incitado contra él para perderle.'
No hubo antes de él ningún rey como él, que se volviera a Yahveh con todo su corazón y con toda su alma y con todas sus fuerzas, conformándose en todo con la ley de Moisés; ni tampoco después de él surgió otro semejante.
Sé, pues, fuerte y muy animoso, y procura obrar en todo conforme a la ley que Moisés, mi siervo, te mandó. No te apartes de ella ni a la derecha ni a la izquierda, para que tengas éxito adondequiera que vayas.
Aquel hombre me dijo: 'Hijo de hombre, mira y escucha atentamente y fíjate bien en todo lo que te voy a mostrar, porque para hacértelo ver has sido traído aquí. Comunica a la casa de Israel todo lo que veas'.
En cambio, los gobernadores que me habían precedido habían gravado al pueblo: además de quitarles pan y vino, les exigían cuarenta siclos de plata. También sus criados oprimían al pueblo. Pero yo no procedí así, por temor de Dios.
'Moisés, mi siervo, ha muerto; ahora, pues, ponte en marcha y atraviesa el Jordán, tú con todo el pueblo, hacia la tierra que les voy a dar a los israelitas.