'¿Hasta cuándo, Señor?' -pregunté-. Y él me respondió: 'Hasta que queden las ciudades asoladas y sin habitantes, las casas sin hombres, el campo desolado como un desierto.
por eso, oíd, montañas de Israel, la palabra del Señor Yahveh: 'Así dice el Señor Yahveh a las montañas y a las colinas, a los barrancos y a los valles, a las ruinas desoladas y a las ciudades abandonadas que son presa y burla de las demás naciones que os rodean'.
Aquel día -oráculo de Yahveh Sebaot- cederá el clavo clavado en lugar resistente, se arrancará y caerá, se romperá la carga que colgaba de él, pues así lo ha dicho Yahveh'.
para que se cumpliera el oráculo de Yahveh por boca de Jeremías: 'Hasta que la tierra disfrute de sus sábados, hasta que se cumplan los setenta años, descansará durante todo el tiempo de su devastación'.
Las cosas ocultas pertenecen a Yahveh, nuestro Dios; pero las reveladas nos pertenecen a nosotros y a nuestros hijos por siempre, para que practiquemos todas las disposiciones de esta ley'.
lo mismo al pueblo que al sacerdote, lo mismo al esclavo que a su señor, a la esclava lo mismo que a su dueña, tanto al comprador como al vendedor, al prestatario como al prestamista, al acreedor como a su deudor.
En aquel día se hará a costa vuestra un proverbio y se entonará un lamento, un lamento que dice: '¡Estamos totalmente arruinados! ¡La porción de mi pueblo ha sido entregada! ¡Cómo arrebatan lo que es mío! ¡Entre los enemigos distribuyen nuestros campos!''.
Pero éste es un pueblo robado y saqueado, apresados en trampas todos ellos, en cárceles están encerrados. Son un botín que nadie salva, un saqueo del que nadie dice: '¡Devuelve!'.