Entrarán en las cavernas de las rocas y en los antros de la tierra ante el terror de Yahveh, ante el esplendor de su majestad, cuando se levante para hacer temblar la tierra.
Caerán al filo de la espada y serán llevados cautivos a todas las naciones; Jerusalén será pisoteada por los gentiles, hasta que el plazo de los gentiles se cumpla.
En todos los lugares donde residís, las ciudades serán arruinadas y las alturas devastadas, para que sean arruinados y devastados vuestros altares, rotos y destruidos vuestros ídolos, destrozados vuestros braseros de incienso y exterminadas vuestras obras.
a una tercera parte le prenderás fuego en medio de la ciudad cuando se cumplan los días del asedio; tomarás luego otra tercera parte, y la cortarás con la espada alrededor de la ciudad; la otra tercera parte la esparcirás al viento, y entonces yo desenvainaré la espada tras de ellos.
¡Perversidad la vuestra! Como si la arcilla se creyera alfarero, o dijera la obra a su hacedor: 'No me ha hecho'; o la escultura dijera a su escultor: 'No entiende'.
Pues mediré a Jerusalén con el mismo cordel que a Samaría y con la misma plomada que a la casa de Ajab; y fregaré a Jerusalén como se friega un plato, que, después de fregado, se vuelve boca abajo.
Yahveh te dispersará por entre todos los pueblos, desde un extremo al otro de la tierra, y allí servirás a otros dioses, de madera y de piedra, que ni tú ni tus padres conocíais.
Entonces Juan, hijo de Caréaj, habló en secreto a Godolías en Mispá en estos términos: 'Pienso ir yo a matar a Ismael, hijo de Netanías, sin que nadie lo sepa. ¿Por qué te ha de quitar la vida, para que así se dispersen todos los judíos que se han reunido en torno a ti y perezca el resto de Judá?'.
Al no dar con ellos, arrastraron a Jasón y a algunos hermanos ante las autoridades de la ciudad vociferando: 'Éstos son los agitadores del mundo entero; han llegado hasta aquí
Oveja descarriada era Israel; los leones la espantaron. El primero que la devoró fue el rey de Asiria. El último que la deshuesó fue Nabucodonosor, rey de Babilonia.
Sube un león desde la selva, se ha puesto en camino un devastador de naciones, ha salido de su residencia para hacer de tu país un desierto: arruinadas serán tus ciudades sin quedar un habitante.
Extenderé mi mano contra ellos y haré del país una devastación, una desolación, desde el desierto hasta Riblá, en todos sus lugares donde moran; y sabrán que yo soy Yahveh'.