Sin embargo, nada de lo que un hombre posee, hombres, animales o campos de su propiedad, y que ha consagrado como anatema a Yahveh, podrá ser vendido o rescatado. Todo anatema es cosa muy sagrada para Yahveh.
El sacerdote los mecerá juntamente con los panes de las primicias, con el rito de balanceo, ante Yahveh, además de los dos corderos: serán una ofrenda sagrada a Yahveh, reservada al sacerdote.
Y no es esto sólo; sino que también nosotros mismos, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos igualmente en nuestro propio interior, aguardando con ansiedad una adopción filial, la redención de nuestro cuerpo.
'A lo largo del territorio de los sacerdotes, los levitas tendrán una parte de veinticinco mil codos de larga por diez mil de ancha. Medidas totales: veinticinco mil codos de longitud y veinte mil codos de anchura.'