Así dice el Señor Yahveh: 'Aplaude con las manos, patalea con los pies y di: '¡Ay!' por todas las perversas abominaciones de la casa de Israel, que va a caer a espada, de hambre y de peste.
Entonces Nabucodonosor, enfurecido y con el semblante alterado a causa de Sidrac, Misac y Abdénago, ordenó encender el horno con un fuego siete veces mayor que el acostumbrado
Grita, ulula, hijo de hombre, porque la blanden contra mi pueblo, contra todos los príncipes de Israel, que serán entregados a la espada con mi pueblo; por eso, golpéate el muslo,
Entonces me dijo: '¡Ya ves, hijo de hombre, lo que hacen en la oscuridad los ancianos de la casa de Israel, cada uno en su estancia con pinturas! Pues dicen: 'Yahveh no nos ve; Yahveh ha abandonado el país''.
Los restantes emprendieron la huida hasta la ciudad de Afec, pero la muralla se desplomó sobre los veintisiete mil hombres que quedaban. Ben Hadad se dio a la fuga, entró en la ciudad y se fue escondiendo de alcoba en alcoba.
Enviaré contra ella una peste, y sangre habrá en sus calles; caerán dentro de ella las víctimas de una espada que la cerca por doquier. Y sabrán que yo soy Yahveh''.