Sus viudas, por causa mía, son más numerosas que la arena del mar. He traído contra esta madre de jóvenes guerreros un devastador al mediodía; eché sobre ella de repente terror y espanto.
Por eso, entrega sus hijos al hambre, y vuélcalos en manos de la espada. ¡Sean sus mujeres privadas de hijos y viudas! ¡Sean sus maridos muertos por la peste! ¡Sean sus jóvenes heridos por la espada en la batalla!
Podrás exigírselo al extranjero, pero no a tu hermano, para que Yahveh, tu Dios, te bendiga en todo cuanto emprendas en la tierra en cuya posesión vas a entrar.
Y después de reflexionar en mi interior, decidí reprender a los principales y a los consejeros, y les dije: '¡Conque prestáis a nuestros hermanos con usura!'. Convoqué, pues, contra ellos una gran asamblea,