Vistió como coraza la justicia, y el casco de salvación en su cabeza; por traje se vistió las ropas de venganza, se cubrió con el celo como con un manto.
Vi en la visión a los caballos y a sus jinetes, que tenían corazas de color de fuego, de jacinto y de azufre. Las cabezas de los caballos eran como cabezas de león y de sus fauces brotaba fuego, humo y azufre.
Todos los moabitas, al oír que los reyes habían subido para combatirlos, convocaron a todos, desde los que ya eran capaces de ceñir armas en adelante, y se apostaron en la frontera.