David se vio entonces en un grave aprieto, porque la gente hablaba de lapidarlo, ya que todos estaban llenos de amargura por sus hijos e hijas. Pero David cobró ánimos en Yahveh, su Dios.
Les hice saber cómo la mano bondadosa de mi Dios había estado conmigo, y las palabras que el rey me había dicho. Y exclamaron: '¡Empecemos ya la reconstrucción!'. Y se animaron a emprender esta buena obra.
Transmite tus órdenes a Josué, infúndele valor y fortaleza, pues él será quien pase al frente de este pueblo y le dé la posesión de la tierra que ves'.
Puesto que desanimáis el corazón del justo con engaños cuando yo no le contristo, y vigorizáis las manos del malvado, de modo que no se convierta de su mala conducta para que viva,