Tú, pues, hijo de hombre, profetiza y bate una mano con otra, que sea duplicada la espada la tercera vez, la espada para los muertos; la espada de los grandes hombres que han sido muertos, que entra a sus cámaras,
Porque yo enviaré esta vez todas mis plagas a tu corazón, sobre tus siervos, y sobre tu pueblo, para que entiendas que no hay otro como yo en toda la tierra.
Por esta causa se encendió la ira de Jehová contra su pueblo, y extendió contra él su mano, y lo hirió; y se estremecieron los collados, y sus cadáveres fueron arrojados en medio de las calles. Con todo esto no ha cesado su furor, pero su mano todavía está extendida.