Y el árbol del campo dará su fruto, y la tierra dará su fruto, y estarán a salvo sobre su tierra; y sabrán que yo soy Jehová, cuando yo haya quebrado las coyundas de su yugo, y los haya librado de mano de los que se sirven de ellos.
Entre la entrada y el altar, lloren los sacerdotes, ministros de Jehová, y digan: Perdona, oh Jehová, a tu pueblo, y no pongas en oprobio tu heredad, para que las gentes se enseñoreen de ella. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: Dónde está su Dios?
Y yo las sacaré de los pueblos, y las reuniré de las tierras; y las traeré a su propia tierra, y las apacentaré en las montañas de Israel por los ríos, y en todos los lugares habitados del país.
En buenos pastos las apacentaré, y en las altas montañas de Israel estará su aprisco; allí dormirán en buen redil, y en delicados pastos serán apacentadas sobre las montañas de Israel.
Y vendrán, y cantarán en lo alto de Sión, y correrán al bien de Jehová, al pan, y al vino, y al aceite, y a las crías de las ovejas y de las vacas; y su alma será como huerto de riego, y nunca más tendrán dolor.
Y responderá Jehová, y dirá a su pueblo: He aquí yo os enviaré trigo, vino nuevo y aceite, y seréis saciados de ellos; y nunca más os pondré en oprobio entre las gentes.