¿cuánto más, pues, la sangre del Cristo, que por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo!
pero ustedes son linaje escogido, para que sirvan como sacerdotes para el reino; pueblo santo, congregación redimida para que anuncien las glorias de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable,
La palabra es fiel. Y acerca de estas cosas, quiero que también tú los afirmes, para que los que le han creído a Dios sean diligentes en llevar a cabo buenas obras, porque estas cosas son buenas y provechosas para los hombres.
y entonaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos compraste para Dios de todo linaje, lengua, pueblo y raza,
Pero el Cristo nos ha rescatado de la maldición de la ley, al hacerse maldición por nosotros, porque está escrito: 'Maldito todo aquel que es colgado en un madero',
porque con el Cristo fui crucificado, y ya no vivo yo, sino que el Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.
Habiendo sido santificadas sus almas por la obediencia a la verdad, sean llenos de un amor sin hipocresía, para que se amen unos a otros de corazón puro e íntegro,
y de parte de Jesucristo, el Testigo, el Fiel, el Primogénito de los muertos y el Soberano de los reyes de la Tierra, el que nos ha amado y con su sangre nos desató de nuestros pecados,
Amados míos, ahora somos hijos de Dios, y hasta ahora no se ha manifestado lo que habremos de ser, pero sabemos que cuando Él se manifieste seremos a semejanza de Él, y lo veremos tal como lo que Él es.
porque el Cristo también murió por nuestros pecados una sola vez, el Justo por los pecadores, para llevarnos a Dios, y murió en el cuerpo, pero vive en espíritu.
y que su forma de vivir sea virtuosa ante todos los hombres, para que los que hablan contra ustedes palabras malignas, vean sus buenas obras, y glorifiquen a Dios en el día de la visitación.
Yo soy el pan vivo que bajó del Cielo. Si alguno come de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi cuerpo, el cual entregaré por la salvación del mundo.
Por tanto, tengan cuidado de ustedes mismos, y de todo el rebaño sobre el cual los ha puesto el espíritu santo como supervisores para apacentar la Iglesia del Cristo, la cual Él compró con su sangre,
Él es el esplendor de su gloria y la imagen de su esencia, y sustenta todas las cosas con el poder de su palabra. Y Él, habiendo llevado a cabo en su persona la limpieza de nuestros pecados, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas.