Por tanto, amados míos, por cuanto tenemos tales promesas, limpiémonos de toda inmundicia de la carne y del espíritu, conduciéndonos en santidad, en reverencia a Dios.
Porque todos nosotros ofendemos en muchas formas, y todo el que no ofende con lo que habla, éste es hombre maduro, que puede sujetar también todo su cuerpo.
porque solamente consistían en comida y en bebida y en diversas abluciones, las cuales eran ordenanzas para la carne y que fueron impuestas hasta el tiempo de reformar las cosas.
Y el mismo Dios de paz los santifique por completo a todos ustedes, y mantenga irreprensible todo su espíritu, alma y cuerpo, hasta la venida de nuestro Señor Jesucriso.
No les hablo a todos ustedes, pues yo conozco a los que he elegido, sino para que tenga cumplimiento la Escritura: 'EL QUE COME PAN CONMIGO, HA LEVANTADO SU TALÓN EN CONTRA MÍA'.