Porque si la sangre de los cabritos y de becerros, y las cenizas de novilla rociadas sobre los que eran inmundos los santificaban para purificación de su carne,
Habiendo sido santificadas sus almas por la obediencia a la verdad, sean llenos de un amor sin hipocresía, para que se amen unos a otros de corazón puro e íntegro,
porque cuando todo el mandamiento fue promulgado por Moisés a todo el pueblo, de acuerdo a la ley, Moisés tomó la sangre de una becerra, agua con lana escarlata y un hisopo, y roció los libros y a todo el pueblo,
¿cuánto mayor castigo creen ustedes que recibirá el que pisotee al Hijo de Dios, considerado como la de un hombre común la sangre de su pacto, por la cual fue santificado, y haya ultrajado al espíritu de gracia?