Por lo cual, santos hermanos míos, que han sido llamados con un llamado que procede del cielo, consideren a este Apóstol y Sumo Sacerdote de nuestra fe, Jesucristo,
que nos salvó y nos ha llamado con llamamiento santo, no según nuestras obras, sino según su voluntad y su gracia, la cual nos fue dada en Jesucristo desde antes del tiempo de las eternidades;
pero ustedes son linaje escogido, para que sirvan como sacerdotes para el reino; pueblo santo, congregación redimida para que anuncien las glorias de Aquel que los llamó de las tinieblas a su luz admirable,
Por tanto, era preciso que fuera semejante a sus hermanos en todo, para que Él fuera un fiel y misericordioso Sumo Sacerdote en las cosas de Dios, para que hiciera expiación por los pecados del pueblo,
Y los que tengan amos creyentes, no los tengan en menos por ser sus hermanos, sino sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su servicio. Estas cosas enseña y demanda de ellos.
Así pues, como escogidos de Dios, santos y amados, vístanse de compasión, de piedad, de bondad, de una actitud humilde, de mansedumbre[1] y de paciencia.
Y la esperanza nuestra acerca de ustedes es firme, porque entendemos que si ustedes participan de las aflicciones, participan también de la consolación.
a la Iglesia de Dios que está en Corinto, llamados y santos que han sido santificados en Jesucristo, y a todos los que en cualquier lugar invocan el nombre de nuestro Señor Jesucristo, Señor suyo y nuestro:
Lo desearon hacer porque también están en deuda con ellos, porque si los gentiles han sido partícipes con ellos de lo espiritual, están también en deuda para servirles con las cosas materiales.
Y si algunas de las ramas fueron cortadas, y tú, siendo olivo silvestre, has sido injertado en lugar de ellas, y has sido hecho partícipe de la raiz y de lo mejor del olivo,
Ellos lucharán contra el Cordero, pero el Cordero los vencerá, porque Él es Señor de señores y Rey de reyes, y los que están con Él son llamados, escogidos y fieles.
Lo que hemos contemplado y escuchado, eso también es lo que les damos a conocer, para que tengan comunión con nosotros, y nuestra comunión es con el Padre y con su Hijo Jesucristo.
Pero el Dios de gracia que nos llamó a su gloria eterna por medio de Jesucristo, es quien nos ha permitido, mientras padecemos estas leves aflicciones, que seamos fortalecidos, afirmados y establecidos en Él para siempre.
Yo, dignatario[3] compañero suyo, testigo de los padecimientos del Cristo, y partícipe de la gloria que será manifestada, ruego a los dignatarios que están entre ustedes:
Pero el Cristo que vino llegó a ser el Sumo Sacerdote de las cosas buenas que hizo y entró al grande y perfecto tabernáculo no hecho por manos, el cual no es de estas cosas creadas,
porque a causa de la prueba de esta ayuda glorificamos a Dios, pues ustedes se han sometido a la fe del Evangelio del Cristo, y debido a la liberalidad de ustedes han llegado a ser partícipes con ellos y con todos.
por cuanto la ley constituye sacerdotes a hombres débiles, pero la palabra de los juramentos que fue posterior a la ley, constituye al Hijo perfecto eternamente.
Por lo cual, Él vino a ser mediador del nuevo pacto, para que por su muerte Él viniera a ser salvación para los que transgredieron el primer pacto, para que reciban la promesa los que han sido llamados a la herencia eterna,