porque con el Cristo fui crucificado, y ya no vivo yo, sino que el Cristo vive en mí. Y lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.
porque ustedes conocen la gracia de nuestro Señor Jesucristo, que siendo rico, se hizo pobre por causa de ustedes, para que en la pobreza de Él, ustedes fueran enriquecidos.
En esto conocemos su amor para con nosotros: en que Él dio su vida por nosotros. Así también nosotros debemos darnos a nosotros mismos por nuestros hermanos;
y de parte de Jesucristo, el Testigo, el Fiel, el Primogénito de los muertos y el Soberano de los reyes de la Tierra, el que nos ha amado y con su sangre nos desató de nuestros pecados,
pues de otro modo le hubiera sido necesario padecer muchas veces desde el principio de esta edad. Pero ahora, en el fin de esta edad, se ofreció a sí mismo una sola vez para anular el pecado mediante el sacrificio de sí mismo.
¿cuánto más, pues, la sangre del Cristo, que por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo!
y entonaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos compraste para Dios de todo linaje, lengua, pueblo y raza,
Era, pues, necesario que estas cosas que son representación de las celestiales, fueran purificadas por estas cosas, pero las cosas celestiales mismas con más excelentes sacrificios que aquéllas,
Así que, por cuanto la ley era débil a causa de la debilidad de la carne, Dios envió a su Hijo en semejanza de carne de pecado por causa del pecado, para que Él condenara al pecado en su carne,
Límpiense de la vieja levadura, para que sean una nueva masa, de tal manera que sean pan sin levadura, porque el Cristo es nuestra Pascua, que fue sacrificado.
Yo soy el pan vivo que bajó del Cielo. Si alguno come de este pan, vivirá eternamente, y el pan que yo daré es mi cuerpo, el cual entregaré por la salvación del mundo.
para que fuera ministro de Jesucristo entre los gentiles, y sirviera en el Evangelio de Dios, para que la ofrenda de los gentiles sea aceptable y santificada por el espíritu santo.
Todo lo he recibido y tengo en abundancia; estoy satisfecho; todo lo que me enviaron por medio de Epafrodito lo recibí; fragante aroma, sacrificio acepto, agradable a Dios.
Porque todo sumo sacerdote que es constituído, lo es para presentar ofrendas y sacrificios, por lo cual era necesario también que Éste tuviera algo qué ofrecer,