¿cuánto más, pues, la sangre del Cristo, que por el espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, purificará nuestra conciencia de obras muertas para que sirvamos al Dios vivo!
Pero cuando venga el Ayudador, a quien yo les enviaré de parte de mi Padre, el espíritu de la verdad que proviene de mi Padre, Él dará testimonio de mí.
pero cuando venga el espíritu de la verdad, Él los guiará a toda la verdad; pero no hablará por sí mismo, sino que hablará todo lo que escuche y les dará a conocer los eventos futuros.
El espíritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir porque no lo ha visto ni lo ha conocido; pero ustedes lo conocen, porque habita con ustedes y está con ustedes.
Yo le contesté: Señor mío, tú lo sabes. Luego él me dijo: Éstos son los que salieron de la Gran Aflicción, que lavaron sus vestiduras y las emblanquecieron en la sangre del Cordero.
y entonaban un cántico nuevo, diciendo: ¡Digno eres de tomar el libro y de abrir sus sellos, porque fuiste inmolado, y con tu sangre nos compraste para Dios de todo linaje, lengua, pueblo y raza,
[1]que fueron escogidos por el previo conocimiento de Dios Padre, mediante la santificación del espíritu, para que sean obedientes, y para ser rociados con la sangre de Jesucristo: Gracia y paz les sean multiplicadas.
pero cualquiera que beba del agua que yo le daré, no tendrá sed jamás, sino que el agua que yo le daré será en él una fuente de agua que brote para vida eterna.
De la misma manera, después de haber cenado, dijo acerca de la copa: Esta copa es el nuevo pacto mediante mi sangre que por causa de ustedes es derramada.
Él nos salvó, no por obras de justicia que nosotros hubiéramos hecho, sino por su misericordia, mediante el lavamiento de la regeneración, y por la renovación por el espíritu santo
Jesús respondió, diciéndole: Si tú hubieras conocido el don de Dios y quén es el que te dice: 'Dame de beber', tú le pedirías a Él y Él te daría agua viva.
y de parte de Jesucristo, el Testigo, el Fiel, el Primogénito de los muertos y el Soberano de los reyes de la Tierra, el que nos ha amado y con su sangre nos desató de nuestros pecados,
porque también ustedes son salvos del mismo modo por el bautismo, no cuando se lavan la suciedad del cuerpo, sino al confesar a Dios con una conciencia limpia, y mediante la resurrección de Jesucristo,
¿cuánto mayor castigo creen ustedes que recibirá el que pisotee al Hijo de Dios, considerado como la de un hombre común la sangre de su pacto, por la cual fue santificado, y haya ultrajado al espíritu de gracia?
pero el sumo sacerdote entraba al tabernáculo interior llevando sangre solamente una vez al año, la cual él ofrecía por sí mismo y por la transgresión del pueblo.
y mientras ellos iban por el camino llegaron a cierto lugar en el cual había agua. Entonces el eunuco dijo: Aquí hay agua, ¿qué impedimento hay para que yo séa bautizado?
En esto consiste el amor: no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Dios nos amó a nosotros y envió a su Hijo en propiciación por nuestros pecados.
E indiscutiblemente, grande es este misterio de la justicia: Él fue manifestado en carne, justificado es espíritu, visto por los ángeles, proclamado entre las naciones, creído en el mundo y ascendido en gloria.
Después de que Jesús fue bautizado, inmediatamente salió del agua, y los cielos le fueron abiertos, y vio al espíritu de Dios descendiendo como una paloma, y vino sobre Él.